- ¿Ya es suficiente? – exclamó Valentín mientras recibía por décima vez los maltratos de sus cuñados en la pierna, ahora era el turno de Patricio, Lucas observaba con una perversa sonrisa en el rostro como Valentín se retorcía de dolor, él igual que Pablo ya lo habían torturado, el único que no participada era Nico, pero no podía negar que le producía cierta satisfacción presenciar la escena – me vas a destrozar la pierna.
- Ya está rota así que no te quejes – dijo Lucas – además nos lo debías.
- Se aprovechan porque no puedo defenderme – dijo entre gemidos y quejidos – esperan a que salga de la cama.
- ¿Nos vas a golpear con la muleta? – dijo Patricio y dio por finalizada la tarea, Valentín sintió que volvía a respirar.
- Necesito un calmante – dijo casi en suplica.
- De ninguna manera – dijo Pablo – ahora te toca sufrir un poco así que te aguantas.
- Está bien – dijo resignado – me lo aguanto pero dejen de tocarme la pierna.
- Por ahora – dijo Lucas y le guiñó un ojo - ¿sabes que alguien de adentro de tu empresa está actuando en tu contra?
- Si – dijo Valentín serio – y cuando sepa quién se va a arrepentir de haber nacido.
- ¿Tenés alguna idea? ¿Algún enemigo? – Pablo preguntó y él lo observó enarcando una ceja - ¿tenés algún amigo? sería una pregunta más lógica.
- Si, todos me odian – dijo con indiferencia – así que es difícil saber algo, además de que no confío en nadie ahí dentro.
- Yo tampoco – dijo Lucas – por eso Francisco está trabajando en eso, y nosotros vamos a ayudarlo sin levantar sospechas, para no espantarlos.
- Igual presiento que van a quedarse quietos por un tiempo – dijo Nico – con lo que hicieron van a saber que estamos en alerta y más con vos aquí.
- Javier casi se muere cuando me vio – dijo divertido – su rostro me resultaba familiar – siguió.
- A mí también – dijo Nico – no sé de donde, es más joven que nosotros.
- Yo nunca olvidó un rostro – dijo Lucas – y puedo asegurar que no lo vi jamás, pero si a ustedes les parece familiar tenemos que investigar personas que conozcan ambos y odien a Valentín.
- Va a ser una larga lista – Bruno ingresó a la habitación escuchando la última frase - ¿Cómo estás? – Le preguntó acercándose a él – te extrañé tanto – le apretó la pierna – Valentín se mordía para no gritar, ya no tenía sentido – y no se olviden de mujeres despechadas – dijo – porque este señor es un especialistas en dejar enloquecidas a las mujeres que tienen la desgracia de caer en sus garras.
- Tenés razón – dijo Patricio – una mujer despechada en un enemigo temerario – se estremeció al recordar un par de experiencias propias en casos similares.
- Va a ser una larga y agotadora búsqueda – dijo Pablo – tengo los papeles de tu divorcio – cambio de tema – yo quería sacarte hasta las ganas de comer pero mi hermana prefirió que cada uno se quede con lo suyo – Valentín sentía que le faltaba el aire y su rostro empalideció – ella ya firmó, faltas vos y serás un hombre libre, aunque los votos matrimoniales nunca significaron demasiado para vos – acotó acercándole la carpeta y una pluma – firma aquí, aquí - le señala el lugar, pero Valentín no lo escuchaba - ¿estas llorando? – preguntó el mellizo totalmente asombrado y él se percató de la pequeña gota de agua salada que bajaba por su mejilla.
- Esto hay que inmortalizarlo – dijo Patricio tomando un fotografía, a la par que más lagrimas comenzaban a salir de ese par de ojos grises.
- ¡Firma! – Pablo seguía con la pluma en alto pero Valentín había girado la vista hacia otro lado.
- Dejémoslo solo – dijo Lucas compadeciéndose del hombre – necesita pensar y descansar hay tiempo para que firme los papeles.
- Supongo – dijo Pablo y salió – jamás pensé que te vería llorar – dijo antes de salir, los demás solo guardaron silencio y se retiraron, apenas cerraron la puerta Valentín dejó salir su dolor con un ahogado llanto, había decidido no reprimir más su dolor y si tenía ganas de llorar iba a hacerlo, y no había nada que le doliera más en esos momentos que ver materializado en eso papeles el fin de su matrimonio. Se durmió llorando con amargura. Despertó al sentir un delicado roce en su rostro, lentamente abrió los ojos y se sobresaltó al encontrarse a Victoria de pie junto a su cama, instintivamente se movió hacia atrás.
- Si no soy tan fea – le dijo seria.
- Eres hermosa, pero estás loca – le dijo él irguiéndose un poco en la cama - ¿Qué haces aquí?
- Vine a ver como estabas – le dijo mirándolo a los ojos y pasando la punta de sus dedos por su pierna herida Valentín se estremeció por el contacto y porque pensaba que ahora ella venía a torturarlo – no voy a torturarte – le dijo leyendo sus pensamientos – no puedo creer que me creas capaz de algo así – el no dijo nada – bueno la verdad es que si soy capaz, pero no ganaría nada con despertar a todo el hospital con tus gritos de nenita – el blanqueó los ojos – encima me contaron que lloraste y todo, siempre supe que eras un marica, y por fin saliste del closet y tenés un novio – lo miró pícara.
- Vos menos que nadie podes creer que yo sea gay, me parece que te he demostrado a lo largo de nuestros años juntos todo lo hombre que soy – se defendió calmado, ella no dijo nada – vuelve a la cama Victoria.
- No quiero – le dijo mientras rodeaba la cama por el otro costado, donde estaba la pierna sana – me da miedo estar sola y nadie quiere quedarse conmigo porque los insulté a todos y Damián dijo que no me alteraran.
- Estabas un poco alteradita – le dijo y ella lo regañó con la mirada – pero un poquito nada más.
- Córrete – le ordenó, él se movió al otro lado de la cama, haciéndole un hueco a su lado, ella se subió recostándose acurrucada, Valentín no sabía que hacer – abrázame – y él inmediatamente la rodeó con su brazo – esto no significa nada – aclaró en medio de un bostezo – pero no quiero estar sola.
- Tranquila – le susurró – descansa – pero Victoria ya había caído en los brazos de Morfeo. Él la observó unos minutos y luego se durmió también.
Por la mañana Lucas y Nico fueron a visitar a su hermana y al no encontrarla en su habitación la buscaron en la de Valentín, donde efectivamente estaba. La vieron dormida plácidamente, rodeada de los brazos de su futuro ex esposo que la miraba sonriendo. Cuando los vio entrar les hizo señas para que no hicieran ruido, ambos solamente lo miraron pidiendo una explicación, pero Valentín nada más elevó los hombros. Lucas suspiró y decidió dejar dormir a su hermana un poco.
Victoria despertó abriendo los ojos, hacía mucho que no dormía tan bien, tenía una sonrisa en el rostro que desapareció por completo al darse cuenta con quien estaba durmiendo.
- Malditas drogas – dijo molesta separándose de él, que la observaba divertido - ¿Cuál es el chiste? – le preguntó más enojada – me volvés a poner un dedo encima y te corto las manos – le dijo y se puso de pie, luego volteó y ambos se miraron a los ojos, no entendía si era por lo mucho que lo había extrañado o si aún estaba bajo los efectos de los fármacos, pero los ojos de Valentín le parecían más hermosos que nunca, sentía que podía perderse en ellos y ser feliz sin importarle nada más, sacó esas ideas de su cabeza – no me mires así – le dijo apartando la vista de él, se sentó en la cama dándole la espalda - ¿Por qué lo hiciste? – le preguntó con pesar, Valentín suspiró, sintiendo que su maltratado corazón se rompía una vez más, ver a su mujer sufrir era muy doloroso para él y más si era por su causa – pensé que éramos felices, que te hacia feliz – no pudo contenerse y acarició su espalada con suavidad, ella no lo rechazó.
- Estaba muy mal – dijo él y ella lo miró – aquí dentro – se señaló el pecho – nada de lo que pasó fue tu culpa, eres lo mejor que me pasó en la vida, pero yo estaba muy enojado con todo y no pude disfrutarte, ni demostrarte lo mucho que te amo – ella tenía lágrimas en los ojos – lo que hice fue una bajeza más en la larga lista de idioteces que he cometido, al parecer no me cansó de arruinar las cosas, ni de hacer sufrir a los que me quieren – secó con su pulgar una fina lagrima que bajaba por el delicado rostro de Victoria, ella se estremeció al sentirlo – yo te amo bebe – le dijo sinceramente – y sé que te lastimé mucho, solo espero que algún día puedas perdonarme – ella sonrió con amargura y le acarició el rostro.
- Intenté odiarte – le confesó – te lo merecías después de todo lo que me hiciste y no solo ahora, tuve que aguantar muchas cosas – él asintió – pero no me importaba hacerlo porque la felicidad que sentía estando en tus brazos compensaba cualquier sufrimiento.
- ¿Y ahora? – le preguntó sin querer ilusionarse demasiado.
- Y ahora estoy cansada – le dijo segura – ya me cansé de tener que esforzarme siempre para intentar ser feliz a tu lado, porque siempre me quedaba la sensación de que para vos no era suficiente, quiero estar tranquila, quiero que la gente deje de intentar asesinarme. Ya no tengo fuerzas para intentarlo más, tengo que poner todas mis energías en mis hijos, porque lo que nosotros hacemos los afecta y mucho – lo miró seria – Candela no habla – le dijo y Valentín se sorprendió – desde el día en que te fuiste dejó de hablar y se comporta como una niña de su edad, Elena está al borde de sufrir una crisis nerviosa porque le tocó hacerse cargo de sus hermanas, yo sé que ella es madura y está capacitada, pero no corresponde que se encargue de nuestros hijos.
- No tenía idea – dijo con pesar, él simplemente había huido luego de que su traición saliera a la luz, sin pensar en lo mucho que eso afectaba a su familia – soy tan egoísta, no sé cómo se te ocurrió tener hijos conmigo – pensó en voz alta.
- Yo tampoco me lo explico – dijo ella con media sonrisa – Alicia está más rebelde que nunca, como Javier no la dejaba salir se escapaba de clases, tiene reprobadas varias asignaturas y al parecer no le interesa aprobar ninguna y ni hablemos de Emilia, la directora me dijo que ya no puede tenerle más consideraciones, que lamenta mucho todo lo que sucede en casa, porque todos saben lo que hiciste – le aclaró – pero que su conducta es inaceptable, va a dejarla terminar el año, pero ya no la van a aceptar el año siguiente. Matilda y Manuela son las que mejor lo llevan, aunque en realidad creo que están negando lo que sucede y eso no es saludable tampoco – suspiró – y Bautista – sintió que se le formaba un nudo en el pecho – no recuerdo haberlo visto siquiera desde que lo llevaron a casa – comenzó a llorar – ni siquiera lo cargué o lo alimenté ¿Cómo dejaste que nos pasara algo así? – Le recriminó sin dejar de llorar – nos dejaste viviendo en un infierno sin importarte nada de nosotros.
- Amor – le dijo intentando no llorar él también – no puedo justificar el haberlos abandonado, pero tenía que salir de mi propio infierno antes de poder estar a su lado sin dañarlos.
- Fue horrible todo este tiempo – le dijo secándose las lágrimas que no dejaban de salir de sus azules ojos, el cómo pudo se acercó para abrazarla.
- Ya sé chiquita – le dijo dejándola llorar en su pecho – pero ya estoy aquí y no voy a dejar que nadie más los lastime, ni siquiera yo. Déjame que los cuide.
- No puedo sola – dijo cuándo se calmó un poco – pensé que no te necesitábamos para nada, pero era mentira, somos un desastre, yo soy un desastre ¿Cómo no me voy a dar cuenta que Javier me drogaba todos los días? – Se lamentó - ¿Qué clase de madre soy si dejo que mis hijas vivan con el enemigo?
- Vos hiciste lo que pensabas era lo mejor para la seguridad de todos – le dijo acariciando su cabello – yo fallé en mi deber de protegerlas, no es tu culpa mi amor – le levantó el rostro para que lo mirara – el único culpable soy yo.
- ¿Y qué vamos a hacer? – le preguntó más calmada, el suspiró.
- El mayor problema es que no confío en nadie – le confesó con amargura – alguien muy cercano a nosotros está actuando en nuestra contra.
- A Javier lo mandaron de tu empresa – le contó pero él ya lo sabía – se suponía que era el mejor.
- Ni siquiera sé si era empleado porque yo no contrato a los empleados.
- Excepto a Tamara – dijo ella recordando a esa mujer.
- Lo hice como un favor a Facundo – dijo para que no se molestara más – honestamente no hago nada en esa empresa así que una secretaria no era necesaria.
- Cuando vea a Facundo voy a aclarar algunas cosas con él – dijo molesta.
- No te quiero presionar bebe – le dijo - ¿pero cómo estamos nosotros? – preguntó con timidez, ella suspiró antes de mirarlo a los ojos.
- Yo te amo – le confesó haciéndolo sonreír – pero no sé si algún día voy a poder volver a confiar en vos – ella hablaba segura porque eso sentía, jamás iba a dejar de amarlo pero no iba a meterse en una relación que le significaría morirse de los celos y la inseguridad cada vez que no estuvieran juntos.
- Entiendo – dijo él.
- Me encantaría hacer como siempre y pretender que nada sucedió – siguió hablando para desgracia de Valentín – pero es imposible, porque cada vez que vos salgas solo, o cada vez que una mujer se te acerque no voy a poder evitar pensar que va a pasar lo mismo que con Tamara y con eso solo conseguiría que nos amarguemos la vida y nos terminemos odiando.
- Victoria – le dijo mirándola a los ojos – yo sé que lo que hice no se puede ignorar y comprendo que no confíes en mí, solamente te pido que me dejes intentar recuperar tu confianza – ella lo observó extrañada – vos no tenés que hacer nada, simplemente no me niegues esa oportunidad, y si al final seguís pensando igual te dejó en paz – ella lo pensó - ¿puede ser?
- No sé – dijo ella.
- Eso es más que suficiente – le dijo con optimismo y la abrazó.