CAPITULO VII - MS ROBINSON (primera parte)

3785 Palabras
- Valentín se fue con las niñas al campo – Victoria hablaba por teléfono con Milagros que estaba de viaje en Europa, comprando cosas para su tienda de modas – no estoy sola, estoy con Bautista, tres enormes perros y un sistema de seguridad de última generación – su niño de cuatro meses de edad la observaba mientras ella hablaba, el pequeño crecía fuerte y sano – no tengo miedo la verdad – Milagros le pedía que no se quedara sola – Abel viajó a Brasil con Lucas y mi papá – siguió – algunos están de viaje con sus amigos, y no quiero estar molestando – Mili la regañaba – mis hermanos pasan cada cinco minutos a verme – dijo suspirando – no me dejan en paz - escuchó lo que su hermana le decía – no hace falta que lo molestes – respondió – está bien, haz lo que quieras – escuchó la respuesta – yo también te quiero y no te olvides de lo que te pedí, adiós – y cortó – parece que no podremos tener un fin de semana para nosotros solos – le dijo al pequeño que solamente sonreía – espero que seas así toda tu vida – Victoria comenzó a preparar la comida ya que tendría compañía en un rato, y a los minutos el timbre sonó, observó por el portero y vio el deportivo de Luciano esperando a que le abriera, sin muchos ánimos lo dejó avanzar, por fin que conseguía sacarse al pesado de Valentín de encima y que sus hermanos, sobrinos, amigos y padre no la estaban acosando a Milagros se le ocurría enviarle a su hijo de custodio. - Hola hermosa – dijo el chico con esa arrogancia que había heredado de su padre - ¿Cómo estás? – Ella suspiró – hola pequeñín – saludó con ternura al bebe que rió con ganas por las morisquetas que el adolescente le hacía, con eso a Victoria se le pasó un poco el mal humor que llevaba porque el joven invadiera su tranquilo día - ¿no te da gusto verme? – le preguntó observándola de pies a cabezas de una manera libidinosa. - No me mires así – le reclamó ella – mocoso atrevido – le dijo y se giró para que no viera su sonrojo. Victoria tenía que reconocer que físicamente Luciano era perfecto y él lo sabía y le encantaba presumirlo. Había heredado los mejores rasgos físicos de sus padres y los peores de sus personalidades. - ¿Cómo querés que te mire si te vestís así? – Le dijo el chico muy cerca del oído, logrando que se le pusiera la piel de gallina – eres una delicia para la vista – la rodeó "sin querer" con sus brazos para sacar un bocado del tomate que ella picaba en la tabla, aprovechando para rozar su piel un poco. - Por favor Luciano ubícate – le pidió sintiéndose muy acalorada – tengo edad para ser tu madre. - Pero no lo eres – le dijo y le guiñó un ojo al tiempo que comía la verdura de una forma obscena. Victoria respiró profundo, si los cálculos no le fallaban la última vez que había tenido contacto con un hombre, al menos estando consiente, había sido la noche antes de ser brutalmente golpeada, y de eso ya iban mucho más de seis meses y ella no era de piedra, Luciano la notó tensa y sonrió por dentro, desde que había ingresado en la pubertad que Victoria era la protagonistas de todas sus fantasías y ahora que la tenía sola para él era su oportunidad para hacer sus sueños realidad. Hizo como si nada y comenzó a jugar con el niño, por dos motivos, ganarse la simpatía de la madre y cansarlo así se durmiera rápido. Ella decidió ignorarlo y seguir con la comida. Antes de almorzar Victoria alimentó a su hijo, lo cambió y el pequeñín se durmió profundamente. - ¿Vino? – Luciano le preguntó con una botella en la mano. - Vos no tienes edad para beber – le dijo ella arrebatando la botella de sus manos, y se sirvió una copa. - Error muñeca – le dijo él quitándosela de nuevo – ya cumplí dieciocho así que tengo edad para beber – y se sirvió una copa para él – además es de conocimiento público que ni vos ni tus hermanos o mi madre respetaron eso de la edad legal para beber, me parece muy hipócrita de tu parte que me digas algo así – ella lo observó indignada y antes de responder una grosería se bebió el líquido y evitó que él la llenara de nuevo, una copa era aceptable, pero no podía beber más mientras le daba el pecho a su pequeño – he visto vídeos de tu época de adolescente – siguió para molestarla – y no tienes autoridad moral para reclamar nada a nadie. - Eres igual de insufrible que tu padre – le dijo ella – igual. - Pero mucho más guapo – dijo con una sonrisa que a ella le parecía endemoniadamente sexy. - No vas a poder emborracharme para aprovecharte de mí – le dijo mientras levantaba las cosas de la mesa. - No necesito emborracharte para tener de vos lo que quiero – le dijo desde atrás, muy cerca de su oído, Victoria cerró los ojos y casi deja caer los platos pero él los tomó a tiempo – es más que obvio que te morís de ganas. - En tus sueños nene – dijo furiosa – a mí me gustan los hombres, así que anda a jugar a otro lado – y quiso pasar de él pero no la dejó, sin tocarla la acorraló contra la encimera de la cocina – no te desubiques Luciano, déjame pasar – le decía sin mirarlo ni tocarlo. - No – dijo burlándose – ahora no hay excusas ni motivos para que esto no pase – Victoria se hacía lo más para atrás que podía, y el disfrutaba de su nerviosismo, le olía el cabello y el cuello, sin tocarla ni un poco siquiera, la tenía donde quería, sentía como su respiración se hacía más entrecortada. Desesperada comenzó a treparse en el mármol y a él le pareció demasiado tentador, la sujetó de las piernas acercándola a su cuerpo - ¿A dónde vas? – le dijo sonriendo, con la voz ronca mirándola fijamente, con la punta de su dedo delineaba el muslo desnudo de ella, haciéndola suspirar, Victoria lo observó a los ojos, totalmente sonrojada. - Por favor – le pidió con un hilo de voz – no me hagas esto. - ¿Qué no te haga qué? – Le preguntó fingiendo que no sabía lo que pasaba - ¿esto? – dijo con una mirada cargada de deseo y acarició el interior de sus muslos con destreza, ella gimió por el roce y él sonrió triunfal - ¿o esto? – acercó su rostro a su cuello y simplemente dejaba que su aliento golpeara su piel, ella cerró los ojos y se mordió el labio inferior sujetando con fuerza el borde de la mesada, estaba a punto de perder la cordura, y no podía hacerlo, Luciano era hijo de Milagros y ella era su hermana, eso estaba mal, así que aprovechando que él había bajado la guardia lo apartó y se bajó alejándose. - Vos – le dijo totalmente agitada, apuntándolo con el dedo, él se cruzó de brazos y la observó sonriendo – te vas – le señaló la salida, el negó con la cabeza – te vas. - No – dijo avanzando hacia ella – me dijeron que me tocaba cuidarte así que no me muevo de aquí – Victoria estaba lista para golpearlo si el intentaba algo pero simplemente salió de allí. Suspiró aliviada, un segundo más y hubiera caído en la tentación. Decidió distraerse limpiando la cocina, y luego se retiró a la zona de la piscina a leer una revista. Bautista dormía plácidamente, así que se relajó un poco y aprovechando que Luciano no andaba cerca se sumergió al agua, nadar la relajaba muchísimo. Estaba flotando boca arriba con los ojos cerrados, pensando en nada hasta que comenzó a sentirse observada, sin querer hacerlo abrió los ojos y observó a su alrededor, en el borde estaba el chico de sus "pesadillas" con su hijo en brazos, mirándola de una manera muy atrevida. Victoria suspiró y decidió salir para cargar a su niño, pero lo hizo por el borde más alejado de Luciano, caminó rápidamente hasta donde estaba su salida de baño y se cubrió con ella antes de acercarse a ellos. - No digas nada – le ordenó mientras tomaba a su pequeño en brazos, el simplemente sonrió y se alejó unos pasos para quitarse la camiseta y los zapatos, ella intentó no mirarlo, pero su torso parecía tallado a mano y se le hizo imposible. - A mí no me molesta que me mires – le dijo con picardía – todo lo que quieras – y se arrojó al agua, dejándola más roja que un tomate. - Vamos a tomar un baño – le dijo a Bautista y se metió con él a la casa. Lo alimentó y luego subió para prepararle el baño. Al niño le encantaba jugar en el agua y se podía pasar horas jugando en su pequeña bañera mientras su madre le hacía mimos y morisquetas. Cuando ya comenzaban a arrugarse sus extremidades lo sacó del agua y con mucho amor lo cambió - ¿Qué te parece si vemos una película? – le preguntó al pequeño y se sorprendió al escuchar que le respondían. - Me parece genial – dijo Luciano desde la puerta, por suerte ya estaba vestido, se acercó a ellos – si querés lo cuido hasta que te cambies – le dijo tomando al niño en brazos – después vemos la película. - ¿Seguro? – preguntó ya que no veía que él tuviera mucha idea de cómo cuidar a un niño, él sonrió. - Muy seguro – le dijo – ahora si querés te podemos mirar mientras te bañas y cambias así me controlas. - No hace falta – le dijo y salió a toda prisa de allí, definitivamente necesitaba un baño de agua fría, muy fría. Cuando se sintió lista fue a buscarlos, ambos estaban en la sala de entretenimientos con una película de animación en la pantalla, se acercó sin hacer mucho ruido y se encontró una muy tierna imagen. Bautista dormía sobre el hombro de Luciano que no perdía detalles de las caricaturas que veía. "Es solo un niño" se dijo así misma sintiéndose más tranquila, ya lo dejaba de ver como un hombre capaz de satisfacer sus necesidades. Se ubicó juntos a ellos guardando distancia, él la observó con media sonrisa en el rostro y le pasó al pequeño. Victoria lo acurrucó en sus brazos y se perdió observándolo dormir, no se cansaba jamás de agradecer por tenerlo allí, algunas veces le parecía increíble que después de todo lo que habían pasado estuvieran juntos y a salvo. Estaba tan perdida en sus pensamientos que no notó que Luciano había pasado un brazo alrededor de sus hombros y había acortado demasiado la distancia que los separaba, hasta que comenzó a sentir un dedo acariciando su brazo, lo observó con el ceño fruncido pero él pretendía tener toda su atención puesta en la pantalla, ella suspiró y se levantó con cuidado de no despertar a su pequeño para llevarlo a su cuna. Luego de verificar que los transmisores funcionaban correctamente bajó a buscar algo de comer, la pileta y la excitación le habían abierto el apetito. - ¿Con que me vas a alimentar ahora? – Luciano sin ningún aviso la abrazó por la cintura y apoyó su quijada en su hombro, Victoria solo suspiró y lanzó sus codos hacia atrás para que la soltara, pero él no tenía intenciones de hacerlo. - ¿No te cansas de molestarme? – preguntó frustrada, el rió y se apoyó al lado de ella, observándola fijamente. - No te molesto – dijo seguro – es más – se acercó nuevamente, pero ella esta vez se giró a tiempo, así que quedaron frente a frente – no quiero ser grosero, pero estoy seguro que si paso mi mano entre tus muslos, voy a encontrar la prueba de que te encanta lo que estoy haciendo – terminó de hablar rozándole los labios, dejando que su fresco aliento le golpeara el rostro. Victoria cerró los ojos, no podía negar que las sensaciones que experimentaba le encantaban, pero la voz de su conciencia seguía repitiendo que estaba actuando mal, muy mal. Suspiró aun con los ojos cerrados, pero lo sentía cerca, sabía que si apenas se movía un milímetro hacia delante sus labios harían contacto. ¡Maldita conciencia!, pensó y giró su rostro, pero con eso solo empeoró las cosas porque le dejó el camino libre a su cuello y él no lo dudó, sabiendo que ella comenzaba a perder su fuerza de voluntad se apresuró a atacar un punto que sabia era muy sensible. Depositó un pequeño beso y sintió como se estremecía completamente, así que siguió. Victoria apoyó una mano en su pecho con la intención de empujarlo pero no pudo hacerlo. - Por favor – dijo muy agitada – no podemos hacer esto – pero él no pensaba detenerse – está mal – Luciano dejó su tarea y se enderezó para mirarla, ella abrió los ojos lentamente, sentía que estaba hirviendo. - No tiene nada de malo – dijo y besó sus labios – los dos queremos que pase – otro pequeño beso – déjate llevar, no pienses tanto. - Pero – dijo ella y gimió al sentir como el chico regresaba a atacar su cuello ahora con más determinación – tu mamá es mi hermana, eres mi sobrino – otro gemido como consecuencia de una mano en su pecho. - Victoria yo no soy tu sobrino – le dijo con el rostro rojo del deseo – ni mi mamá es tu hermana y créeme que nunca en mi vida te vi como mi tía. - Pervertido – le dijo al ver su mirada lujuriosa, él sonrió de medio lado. - No tienes una idea cuanto – y la besó en los labios con furia, ella quiso negarse pero cuando sintió la lengua de él adentrándose en su boca todo el razonamiento que era capaz de poseer en momentos así se esfumó por completo, le correspondió el beso con la misma necesidad y la misma pasión. Él la elevó del piso haciendo que lo rodeara con sus piernas y sin dejar de besarla se encaminó con ella hacia el sofá de la sala. Los gemidos aumentaban de intensidad y ritmo a medida que Luciano recorría el cuerpo de Victoria con sus manos y su boca, la tenía a su merced, desnuda en el sofá gimiendo con cada caricia que le otorgaba y no tardó mucho en hacerla llegar al clímax – eres perfecta – le dijo observándola recostaba, aun retorciéndose de placer y el comenzó a desvestirse – la mujer más increíble que conocí en mi vida – ella lo observó agradecida y no perdió detalle del escultural cuerpo que el chico tenia, perfecto en cada poro de su piel, le sonrió con deseo y eso lo encendió más. Apenas comenzaba la noche y la luna los encontró desnudos y entregados totalmente a los placeres de la carne en esa sala. - Dios – dijo Victoria luego de su ultimo orgasmo de esa noche, aún estaba sentada sobre él y apenas tenía fuerzas para respirar – las hormonas de la adolescencia – el rió y le acaricio el cabello y la espalda. - Vos me seguiste bastante bien el ritmo – dijo también agitado, aunque con un poco más de fuerzas. - Pero me estoy muriendo – le dijo ella sin levantar la cabeza de su hombro – creo que no siento mis piernas. - No hay problema – le dijo y la acomodó para cargarla en sus brazos hasta su cama – yo te llevó a donde quieras. - Tengo que ver a Bautista – dijo sintiéndose muy culpable. - El enano duerme – le dijo luego de dejarla en la cama, le acercó el transmisor - ¿escuchas? – solamente la calmada respiración del bebe se oía – ahora dormí vos también – ella no quería pero los ojos se le cerraban solos por el gran "esfuerzo" que había realizado. Se durmió profundamente, y al otro día despertó sintiéndose renovada y libre de tensiones. Abrió lentamente los ojos y escuchó la risa de su pequeño detrás de ella, se giró para mirarlo y por algún motivo pensó que se encontraría a su esposo al otro lado de la cama jugando con Bautista, pero estaba equivocada, Luciano era quien jugaba con el niño recostado de lado sosteniendo su cabeza con una mano, le guiño un ojo al verla despertar – ya le di el biberón – le contó sin dejar de jugar con él – se despertó hace rato pero no quise molestarte, así que tuve que cambiarlo también – ella le sonrió algo agradecida y apenada. - Disculpa, me dormí profundamente – dijo y él sonrió. - No importa – le dijo divertido – te cansé mucho anoche, tenía que dejarte dormir – ella se sonrojó. - Respecto a lo de anoche – dijo sin mirarlo. - No tenemos que aclarar nada – siguió él – fue solamente sexo, Victoria – dijo muy seguro y se miraron a los ojos – no voy a negar que me encantas de todas las maneras posibles, pero sería un idiota si me ilusionara con un mujer que además de ser mayor que yo está enamorada de otro – ella suspiró aliviada – me dijiste Valentín varias veces anoche – dijo con algo de reproche, ella frunció los labios – pero no te culpo, yo te llevé al límite porque me moría de ganas de estar así con vos, así que me lo merezco. - Nadie tiene que saber de esto – dijo ella decidida. - Tranquila – dijo él – si mi mamá se entera me mata – dijo serio – y mejor ni hablemos de Abel – así le decía a su padre – si por él fuera te tendría en un altar y todos tendríamos que adorarte desde lejos, tiene la idea de que ningún hombre es suficientemente bueno para vos. - Es peor que mi papá – dijo ella coincidiendo con Luciano – igual lo disfruté mucho. - Lo sé – dijo el con arrogancia – no dejabas de decírmelo. - Que creído – dijo ella. - Realista – dijo él – soy realista – y se colocó encima suyo – lo bueno es que tenemos todo el día de hoy para disfrutar un poco más – le besó los labios suavemente y se bajó de la cama – voy a traer el desayuno – ella quiso pedirle algo – te dejé ropa ahí – le señaló el borde de la cama y Victoria se encontró con un pijama muy revelador de color verde con n***o, simplemente suspiró y para no estar desnuda se lo puso, luego buscaría algo ella misma, ahora quería disfrutar un rato con su niño. Desayunó en la cama ante la atenta mirada de Luciano y luego decidieron pasar el día en el patio. Bautista descansaba en su coche y ellos dos se lanzaban miradas lujuriosas admirando sus cuerpos en trajes de baño. Victoria luego de que lo que habían hecho la noche anterior consideraba ridículo reprimirse para admirar ese trabajado cuerpo. Almorzaron y jugaron con el niño hasta que se quedó dormido y decidieron entrar un momento al agua. No perdieron tiempo y apenas estuvieron dentro de la alberca él la acorraló contra el borde y comenzaron a besarse con locura, ella lo rodeaba con sus piernas y él se deleitaba recorriendo su cuerpo a su antojo sin pudor ni vergüenza alguna. Tuvieron varios orgasmos en el agua, y cuando creyeron que era suficiente salieron. El sol se ponía ya y dieron por terminado su día al aire libre. Victoria volvió a darle un largo baño a su bebé, lo alimentó y luego de un par de juegos se durmió de nuevo. - Las niñas ya van a llegar – dijo mirando la hora en un reloj alejando las manos de Luciano de su cuerpo mientras intentaba preparar la cena – contrólate por favor. - No quiero – dijo él y le besó el cuello – voy a aprovechar hasta el último segundo – dijo y la acorraló de nuevo. Se fundieron en un beso fogoso, la sentó en un taburete del y la acariciaba con devoción. Ni siquiera notaron cuando la puerta de la entrada se había abierto y el coche que trasladaba a su familia estaba aparcando, mucho menos se dieron cuenta cuando Valentín ingresó a la cocina hasta que no dejó caer lo que llevaba en las manos ocasionando un golpe seco. Ambos se sobresaltaron y observaron en su dirección. El rostro del hombre era un poema no sabía si asesinar al mocoso que tenía sus manos en el trasero de su esposa o hacerle a ella una escena de celos digna de la mejor película de Hollywood. Algo apenados se separaron. Luciano sonreía con satisfacción, la única persona que quería que se enterara de lo que había sucedido ese fin de semana era la que estaba parada en la puerta con cara de no poder creer lo que había visto. Victoria por su parte no pudo sostenerle la mirada – bueno – dijo el chico muy complacido – me voy a casa a preparar las cosas para mañana – depositó un beso en la cabeza de la mujer y salió de la cocina sin dejar de burlarse con la mirada de Valentín. Ambos se quedaron en silencio analizando que hacer o decir. - ¿Cómo lo pasaron? – preguntó ella aun sin mirarlo y continuó con la cocina, él no dijo nada, estaba paralizado, incapaz de reaccionar aun. - ¡Mamá! – Emilia entró a la cocina gritando emocionada – estuvo genial – dijo alegre – es hermoso, los caballos – comenzó a relatar todo su viaje. - ¡Mami! – Elena ingresó luego – no sabes lo que me pasó – se acercó a ella y la saludó – conocí a un chico genial – Victoria se sorprendió y observó a Valentín que aún no salía de su estado y no había escuchado – después te cuento bien.
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