Apolo.
El escándalo que había abajo me saco de mi sueño, obligándome a levantarme, me miré en el espejo para detallar lo desaliñado que seguro me encuentro.
Me coloque un abrigo encima, por estás fechas Emma me ha contado que suele hacer mucho frío y que a veces cae nieve pero que es poco probable.
Saque de debajo de mi cama las chancletas estirando mi mano para no tener que tocar el suelo con mis pies descalzos.
Al estar listo baje, se encontraba música puesta lo que era muy inusual, me deje guiar por el estruendoso ruido y así llegué hasta la cocina en la cual di con Liam quién extrañamente estaba cocinando de manera ruidosa.
Revisé mis bolsillos para ver si encontraba mi libreta pero luego de un rato me acordé de que seguro le molestaría a Liam.
—Buen día— Dije en voz baja.
—Querrás decir buenas tardes— Replicó moviéndose de un lado a otro.
—¿Qué estas haciendo?— Pregunté con la mirada baja.
Él se detuvo en seco observándome con molestia.
—Si quieres tu comida está encima de la mesa y si vienes a preguntarme con Emma la mandé a comprarme algunas cosas— Respondió para luego volver a lo que hacía.
—Realmente no preguntaba por eso, solo que todo ese ruido me ha despertado y ahora que estoy aquí abajo me gustaría saber que cosa estás haciendo que es tan bullosa— Contesté jugando nerviosamente con mis manos.
—Deberías mejor agradecer ¿No tienes nada que hacer con tu mugrosa vida? Te la pasas durmiendo hasta tarde ¿Qué crees, que esto es un hotel?— Respondió furioso, dando un largo suspiró para luego voltear a ver— ¿Si te digo lo que hago te irás?— Preguntó seguramente harto de la conversación.
Preferí solo asentir que seguir arruinando la situación.
—Me extraña que Emma aún no te lo haya comentado, hoy es su cumpleaños.
Eso explica las manchas en su vestimenta y el desastre de la cocina.
—¿Entonces no sabes hacer un pastel?— Pregunté tentando mi suerte.
Liam siguió en lo suyo sin volver a dirigirme la palabra, por mi parte me dirigí a las escaleras, ahí tomé asiento tratando de comprender ¿por que no lo sabía? ¿Qué soy yo para Emma? ¿En serio solo soy su amigo? ¿Es que acaso mis sentimientos por ella no son notorios?.
Me frustre por completo, alborotando mi cabello.
—Da igual, supongo.
Ahorita debía concentrarme en regalarle la cosa más impresionante.
Debe ser algo tan magnífico como ella.
«Hoy será un día complicado».
Subí a mi cuarto para cambiarme de ropa, cepillar mis dientes y darme una rápida ducha, por supuesto que no todo en ese orden.
Bajé de nuevo y salí de casa, con la cabeza en alto, propuesto ha encontrar lo mejor.
Luego de un par de minutos recorriendo el pueblo me di cuenta de lo perdido que estaba, la mayoría de locales y tiendas no tenían lo que yo buscaba además de la mala atención del lugar.
«Tal ves debería ir en busca de una flor, a Emma parece que le gustan mucho».
Pero con mi último accidente era poco probable que me dejarán entrar.
Me detuvo un momento dándole vueltas a la cabeza aunque no de manera literal.
Sin llegar a nada seguí caminando esperando a que algo se me ocurriera durante el camino.
Tal vez debería ir a dónde Nicolás y pedirle un consejo.
«Pero ya es tarde, no me da tiempo».
Que frústrate.
Terminé entrando en una tienda de baratijas, con suerte lograba conseguir algo aquí.
Revise por todos lados la tienda, raramente aún no había salido nadie a atenderme.
«Tal vez Emma sea amante de las pulseras demoníacas».
Sin duda era un lugar muy extraño en el pueblo.
—Disculpe joven ¿En qué puedo ayudarlo?— Preguntó apareciendo de la nada una hermosa señora que cubría su cuerpo con un vestido totalmente n***o que se ajustaba a su delgada cintura.
—Solo estoy viendo— Respondí nervioso.
—Tal vez yo pueda ayudarlo a decidir en esa cosa que lo trae tan perturbado— Dijo interponiéndose en mi camino.
Comencé a reír incómodamente dando por hecho que está señora estaba loca.
—Pues necesito un regalo de cumpleaños pero no se me ocurre nada— Contesté ya dándome por vencido.
—Un lindo acto desinteresado o eso es lo que veo en ti, para ello yo te regalaré una respuesta.
La miré extrañado sin embargo la seguí detrás, luego de cruzar toda la tienda llegamos a un cuarto en blanco que solo tenía garabatos pintados en la pared y una silla en medio rodeada de cartas.
—Por favor, siéntate— Dijo ella señalando la silla.
Tragué grueso, hice caso a su petición, con suerte lo que fuera a hacer no me dolería.
—Ahora cierra los ojos.
Mi corazón empezó a agitase de manera poco convencional, de todas formas le seguí el juego tal vez era yo quien estaba equivocado y está señora si lograría ayudarme.
«O eso es en lo que me estoy esforzando en creer».
De repente escuché un montón de voces como si el cuarto se hubiese llenado de gente, parecía que todos me estaban observando o eso sentía, en un momento casi abro los ojos pero la señora grito desesperada con que no lo hiciera.
Para más colmo vinieron a mi ganas de ir al baño.
«¿Cuánto se tardará?».
—Listo— Comentó ella.
Abrí los ojos para encontrarla encima de mis piernas.
«¿En qué momento se sentó?».
Todo estaba muy raro.
—¿Qué fueron todas esas voces?— Pregunté fijo en su mirada.
—Unos amigos que han venido ha ayudarte— Contestó ella sonriéndome.
—¿Ya se fueron?— Pregunté.
—Si, solo han venido por una causa y eso ya se logró— Respondió levantándose— ¿Quieres saber cuál es el regalo perfecto?— Preguntó sacudiéndose su vestido.
Asentí sin poder apartar la mirada de ella, era como si de repente todo en ella fuera de un color distinto, era como magia.
La señorita se acercó y Susurró en mi oído la respuesta.
—¿En serio?— Pregunté cuestionándole.
—Si no funciona entonces te devolveré el dinero— Contestó sonriendo.
—Pero si yo no he pagado— Respondí aún más confuso.
Ella comenzó a carcajearse agarrándome de la mano para guiarme hasta la entrada donde si mucha modestia me lanzó, cerrando la puerta con seguro.
«Sin duda está loca».
En ese momento pensé en qué todo este tiempo he estado usando mi voz, esa mujer conoce mi voz.
Que aberración, ahora estoy en un lío más grande, bueno no creo que Emma sea de venir mucho por aquí.
«¿Y si lo hace?».
Demonios, me levanté del suelo y di una vuelta corriendo por el pueblo tratando de conseguir algo más para al final regresar a casa con las manos vacías.
Antes de entrar revise mis bolsillos.
«Me a robado».
Recordé lo que la señora me dijo y es cierto, ella misma se encargó de cobrarme por su pésimo trabajo.
—Maldición— Murmuré.
Entre sin más a la casa, con la cabeza agachada aceptando mi destino.
Adentró me encontré inmediatamente con Emma quien se acercó a toda velocidad para abrazarme.
—¿Dónde estabas?— Preguntó entre mis brazos.
Nota: Salí en busca de algo.
Ella me miró extrañada pero luego su expresión volvió a cambiar a una más feliz, más emocionante, me tomo de la mano y me llevo al comedor donde se encontraban todos los invitados.
—Apolo, te presento a mis mejores amigas Ruby y Aurora.
Me quedé asombrado al notar que al lado de ellas están Nicolás.
Nota: Disculpen, es un gusto conocerlas, mi nombre es Apolo.
—Así que tú eres el asombroso Apolo— Mencionó Ruby.
Asentí con la cabeza un tanto avergonzado.
—Es un gusto Apolo— Exclamó Aurora levantándose para abrazarme con pequeños brincos.
—Por cierto, me tomé la libertad de invitar a tu amigo Apolo— Comentó Emma a un lado mío.
«Ella sin duda es sorprendente».
Miré hasta dónde Nicolás levanté mi mano para saludarlo pero raramente este se veía entretenido con otra cosa.
—Ya llegó el perro así que no hay motivos para seguir posponiendo la celebración— Comentó Liam apareciendo detrás de mi.
—¡Liam!— Exclamó Emma.
Aurora me soltó de inmediato para salir corriendo a saludar a Liam, parecía entretenerse estando cerca de él, no entendía como si él ni siquiera cambiaba su fría mirada.
—Vamos— Dijo Emma agarrándome del brazo para acercarme más a la mesa.
Estando ahí las luces fueron apagadas y las velas encendidas, en pocos segundos todos comenzamos a cantar el feliz cumpleaños para Emma, concluyendo con su cara en la torta, gracias a Ruby.
Todo era risa y felicidad, hasta podía notar una pizca de alegría en Liam, quien me extrañaba era Nicolás quien durante toda la noche aún no se tomaba la molestia de saludarme.
Todos estuvimos conviviendo entre si y cuando digo eso me refiero a que Emma y sus amigas estuvieron acaparando toda la fiesta, hablando entre ellas, cada cierto tiempo intentaban mezclarse con nosotros pero luego de repartir las rebajas de pastel Liam decidió preparar un poco de té, excusa que sacó para no estar rodeado de tanta gente y Nicolás el raramente estaba sumergido en su cabeza, por mi parte aunque intenté sentirme incluido era un poco difícil por mi asunto del habla.
—Muchas gracias por todo pero creo que es hora de que me vaya— Comentó Nicolás despidiéndose de Emma y de sus amigas.
Nota: Lo acompañaré hasta la entrada.
Lo tomé del brazo y lo lleve conmigo, durante el camino intenté preguntarle en voz baja que le sucedía.
—¿Ocurre algo?.
Él me miró y se negó a mi ocurrencia.
—¿Entonces por qué has estado tan callado?.
Nicolás espero llegar hasta la puerta para darme a conocer sus razones.
—He venido porqué pensé que seria distinto pero no lo soportar esta manera tan sínica en la que se te trata— Respondió con seriedad.
Cómo suele pasar no entendí a lo que se refería.
—Ven luego a mi casa— Añadió dándome un abrazo de despedida— Cuídate Apolo, ten cuidado en quien confías.
Duré todo el corto camino de regreso pensando en las palabras de Nicolás.
«¿Qué me quiso decir?».
—Aurora déjalo en paz— Gritó Ruby molesta parándose de la mesa dirigiéndose a la cocina.
Me fijé en Emma quien estaba ahí sola con su hermosa sonrisa y el brillo en su ser.
Me acerque para hablarle.
Nota: tengo tu regalo en mi cuarto ¿Puedes acompañarme?.
—No es necesario un regalo— Dijo sonrojándose de seguro por sentirse como una molestia.
Extendí mi mano dándole a entender que no aceptaría un no por respuesta.
Ella tomó mi mano probando mi decisión, la lleve conmigo, ninguno de los dos le aviso a los demás.
Al entrar a mi habitación solté la mano de Emma, me adentré Al baño y lave varias veces mi cara tratando de calmarme, me mire en el espejo decidido a lograrlo.
Al salir Emma me miró con alegría.
—En serio no es necesario un regalo— Replicó ella.
—Feliz cumpleaños Emma.