—¡Gran idea! —no se pudo contener el párroco. —Gracias, don Giulio. Mire, señor, mi padre, huérfano de padre obrero muerto en un accidente laboral, tuvo que empezar a trabajar con doce años, como aprendiz y luego como albañil con un tío, un pequeño constructor. Pero su deseo era ascender y, con gran tenacidad, estudió para aparejador acudiendo a la escuela nocturna. A pesar de los obstáculos, consiguió su diploma con solo diecinueve años. Luego logró un empleo municipal por concurso. Pero lo tuvo que abandonar casi de inmediato, por haber sido llamado a filas con su quinta. Fue a la guerra y sirvió en Sicilia en una batería costera como subteniente de complemento. En julio de 1943, durante el desembarco angloamericano, fue hecho prisionero con todo su regimiento e internado en un campo de

