—Aquí le tengo que interrumpir, doctor: usted declaró al fiscal Trentinotti que entre sus empleados no había ninguno que pudiera tener hostilidad hacia las cinco víctimas del Monstruo. —Muy cierto: no quería implicar a ese excelente muchacho: además, aunque era evidente que despreciaba a esa gente era solo idea mía que llegase a odiarlos. Tenía motivos para detestarlos, pero era un alma noble. —Este Piero, concretamente, ¿qué cosas sufrió, aparte del acento mal puesto en su apellido? —Aproximadamente un año después de su incorporación a la empresa, por lo que tenía solo unos 15 años, también le golpearon, después de esperarle en la calle después de trabajo. Primero le dieron puñetazos en la cara y en la cabeza y luego, aferrándolo, le bajaron los pantalones y calzoncillos y gritándole «

