Para la semana siguiente, Emma seguía escribiendo borradores. Esos días frente a la portátil, tecleando cada palabra que brotaba en su cabeza, le hizo ser capaz de sacar sus sentimientos, los verdaderos. No había odio en esas páginas, al contrario, la liberación era refrescante, incluso deseaba no parar jamás. Cuando tomó un semestre de literatura, recordó que su profesor alabó su evidente talento describiendo, pero, como convertirse en una escritora no estaba dentro de sus planes, descartó la idea y no volvió a escribir nada, hasta ahora. Le gustó, mucho. No hablando de una carrera, más bien como actividad personal. El tiempo libre que lograba tener la pasaba leyendo, pero ahora que había encontrado una forma de liberar sus frustraciones y sacar los pensamientos que acosaban su ment

