Cuando esa semana terminó. Para Allan, había significado un nuevo comienzo. El lunes, fue para él, como haber nacido de nuevo. Sintiendo una fortaleza desconocida, llenándolo de valor. El daño que causó en cada uno de sus seres queridos debía ser enmendado, de alguna forma. Sabía ahora, que las palabras de su amigo eran tan ciertas que dolían. La familia Maldonado lo recibió con los brazos abiertos, y él los hirió vilmente. Decidido, llamó a Ivan, para comenzar a enmendar su error, debía ver a la persona que más resultó herida por sus estupideces, era hora de ver a Emma. El alemán contestó, sorprendido por la hora, ya que no eran ni las ocho. — ¿Todo está bien? —preguntó, preocupado. Allan sonrió. —Lo estará cuando me des la dirección del nuevo departamento de Emma —dijo en voz alta, l

