Naira Es a media mañana del lunes cuando suena el timbre en mi escritorio. Había llegado temprano, como de costumbre, pero al dejar mi bolso junto a mi silla, pude escuchar a Crawford hablando por teléfono. No me pidió que entrara a su oficina, así que no le di mayor importancia. Simplemente abrí mi computadora y me puse a trabajar. Ahora, el timbre rompe mi concentración mientras escribo un correo electrónico, y siento una sacudida de emoción. En secreto me entusiasma que vea la ropa interior que llevo puesta. Es blanca con finas rayas verticales doradas sobre la tela. Creo que se adaptará perfectamente a sus gustos. Me aliso la falda con las manos, me dirijo a la puerta y llamo. —Adelante. Entro, esperando encontrarlo apoyado en su escritorio, listo para devorarme. En cambio, está

