Mi madre estaba muerta, Cristian había cortado su cuello con sus afiladas uñas. Mi madre había muerto con los ojos abiertos. Contuve mis lágrimas para no sacar mi enojo y gritarle a Cristian que no debía asesinar, que yo sabía todo lo que había vivido con sus padres, esas torturas y su fea muerte. —Cristian… —Esta es mi casa, está es mi casa, está es mi casa —me decía —Lo sé, lo sé, esta es tu casa, pero no deberías estar aquí, aquí tu padre te asesinó y sufriste demasiado, Cristian Cristian me quedó mirando fijamente sin moverse, colocó a Martin en el piso y se acercó a mi lentamente. Pude ver su rostro, y eso sí me causó miedo, por lo que grité fuertemente y lo golpeé sin querer. Mi grito despertó a Samuel, quien herido de un pie, fue hasta la puerta de mi casa, golpeando la puerta p

