Celular muerto

1001 Palabras
Las luces se apagaron repentinamente, una fuerte ola de calor invadió el espacio caliente. A pesar de que el teléfono estaba apagado, aún estábamos vivos. Encerrados y sin poder ser escuchados cuando gritábamos, nos encontramos en ese oscuro y espeluznante lugar. Todos nosotros éramos cazadores de fantasmas, considerados locos por la comunidad por creer en seres que estaban presentes tanto de día como de noche, pero que no todos podían ver. Sí, me refiero a los fantasmas. Aceptamos el desafío de un antiguo m*****o del grupo, que consistía en entrar a una vieja casa abandonada de dos pisos, cuyas paredes estaban manchadas con la sangre de sus antiguos dueños. El que nos retó lo hizo a través de una carta, ya que murió en esa casa, tratando de grabar y mostrarle al mundo que no estábamos solos en este mundo. No me refiero a extraterrestres ni a vida inteligente de otro planeta, sino a nuestro propio mundo. El mundo en el que hemos establecido reglas y leyes, y en el que hemos convertido en un lugar lleno de violencia, especialmente en aquellos lugares desprotegidos donde la justicia es inexistente y donde muchas personas claman ayuda durante unos breves segundos en sus miserables y tristes vidas. Una de nuestras integrantes encontró esa carta. Ese día, ese mismo día lleno de incertidumbre y dolor porque seguimos lamentando la pérdida de nuestro compañero, decidimos entrar a la casa. Solo tuvimos que esperar a que el sol se fuera y llegara la oscuridad, exactamente a las siete de la noche, para comenzar a contar nuestros pasos y tener en cuenta la distancia recorrida al momento de grabar y descubrir qué fantasmas habitaban en esa vieja casa. Finalmente, llegó la hora y la oscuridad reemplazó al sol, algo que para nosotros, amantes de la noche, la luna y las estrellas, era realmente fascinante. Nos encontrábamos frente a esa casa maltratada, con siete gatos que decoraban sus tejados en estado de descomposición, y uno de ellos cayó al suelo, perdiendo así su última vida de felino. Con valentía, ingresamos y nos miramos unos a otros, deseando que cada hora pasada allí dentro fuera más una aventura que un terror, como si estuviéramos en una película de Hollywood. Apenas pusimos un pie en el resbaladizo suelo, escuchamos el llanto de niños proveniente de las paredes. Supimos entonces que no se trataba de un mal común habitando esa casa, estábamos aterrados de enfrentar a un demonio por primera vez, ya que eso no nos había sucedido antes. Yo era el líder de un grupo dedicado a investigar cosas paranormales, especialmente la caza de fantasmas. Esta idea surgió después de perder a mis padres, ya que sus supuestos espíritus me visitaban cada noche. Sin embargo, descubrí que en realidad eran demonios disfrazados de ellos para acceder a nuestro mundo. A partir de entonces, me dediqué a cazar fantasmas y descubrí mi habilidad para percibir la presencia de entidades malignas y ver cosas del más allá. En ese momento, me encontraba viendo a un niño en un espejo, lo cual me causó tanto terror que me dejó sin palabras. Mis compañeros se dieron cuenta de mi estado y me entregaron un cuaderno con hojas en blanco y un lápiz para que dibujara lo que veía. El niño desapareció y al mostrarles el dibujo, mis amigos se asustaron, ya que se trataba de mi hermanito menor que había fallecido junto con mis padres en un accidente. Quedé sin palabras y mis amigos ya conocían su historia, ya que les había contado todo lo que había sucedido en mi adolescencia, como la muerte de mis padres y mi lucha contra las drogas. No podía creer lo que había presenciado, aunque no conocía a ese demonio, estaba decidido a enfrentarlo sin importar la similitud con mi hermano. No permitiría que ingresara a nuestro mundo ni que me controlara al hacerse pasar por mi hermano. Subimos las escaleras con nuestros dispositivos de alta tecnología encendidos, a pesar de su coste, eran fundamentales para nuestras operaciones relacionadas con los fantasmas. En los grabaciones de audio, todavía podíamos oír los llantos del niño, suponíamos que eran del niño que habíamos visto en el espejo. Continuamos subiendo hasta llegar al segundo piso, donde nos separamos y comenzamos a tomar fotos del horrible lugar con un olor a putrefacción. Había rastros de personas y animales por todas partes, y en las paredes estaban escritos nombres, pero no cualquier tipo de nombres, sino los nuestros en letras grandes y en mayúscula, junto con una advertencia de que moriríamos lentamente y veríamos a nuestros seres queridos fallecidos antes de ver la luz. Nada era normal para nosotros, todo se nos escapaba de las manos cuando de repente nuestros dispositivos explotaron, las ventanas se cerraron y ninguno de nosotros pudo abrirlas, las luces se apagaron y una de nuestras compañeras, al ser mujer, comenzó a gritar porque el miedo la había invadido por completo. Me acerqué a ella y le dije que no tuviera miedo, que los demás estábamos con ella y que no permitiríamos que le sucediera algo. Bajamos al primer piso y también la puerta estaba cerrada. Nos encontrábamos completamente atrapados. En medio de la sala había un teléfono inalámbrico, nos acercamos a él para probar si estaba funcionando y así era. Antes de que pudiéramos alcanzarlo, comenzó a sonar y era un policía preguntando si necesitábamos ayuda. Entendimos que la presencia que nos mantenía atrapados lo estaba haciendo a propósito, para que sintiéramos presión por el miedo que nos causaba a cada uno de nosotros. El teléfono perdió su cable de repente, arrastrado por una presencia que parecía ser una sombra larga y de grandes manos hasta el segundo piso. Intenté subir, pero uno de mis compañeros me detuvo, diciéndome que era peligroso y que solo quería jugar con nosotros y con nuestro miedo. No sabía qué hacer. El miedo me consumía, quería ser valiente pero mi mente en ese momento, solo trataba de procesar lo que estaba sucediendo.
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