Capítulo 13

1577 Palabras
Mientras seguía parado en la puerta, vi cómo mi imponente hombre se derrumbaba. Se desmoronaba de una manera tan cruel, tan loca, que consistía en dejar todo fuera de su vida. En renunciar a todo lo que lo hacía ser quien era Pero también me he vuelto egoísta, en ese momento, solo podía pensar en mí mismo, en el miedo a perderlo. La idea de que me dejara, tal como me lo dijo hace poco, me torturaba a tal manera que prefería perder todo, incluso mi propia dignidad, con tal de no alejarlo de mí —¿Qué haces aquí?— su voz sonaba muy mal, áspera y lejana. Era como si hablara desde el fondo de un pozo, un pozo lleno de dolor y decepción, ese cual lo empuje yo mismo: con mis actos deplorables llenos de arrogancia y culpa —Vine a verte ¿Perdóname, por favor?— supliqué, con la voz temblorosa. Si no lo hace, no me iré, no lo quiero perder, no puedo vivir sin él y solo la idea es tan aterradora a mi edad eso parece el fin del mundo —Ya te puedes ir. No te perdonaré, Lian— esas palabras fueron como un puñal directo al corazón, ahí sí me mato. Mis lágrimas salieron sin siquiera haberlas invitado, desbordándose por mis mejillas —Yo... yo...— ¿Qué le digo? Si tiene razón ¿Cuántas veces en esta cama le dije "te amo"? ¡Y anoche dormí con Willians? No es justo. Está en lo cierto, lo perdí por bruto, idiota, pero tan terco que de aqui no me voy, no sin estar bien con él, pero también tenia miedo de quedarme, de estar más en esta su celda de oro preso como tal esclavo, miedo a perderlo, miedo a dejarlo ¿Que mierda quieres Lian? Salí de ahí, sintiendo el corazón hecho pedazos, lo último que escuché fue vidrios romperse, me mató saber que lo lastimaba de esta manera. No lo pude resistir, arruiné todo, su lamento me quemó los oídos y me mataba también a mí por igual, pero a media escalera me detuve. No podía dejarlo así, me regresé sobre mis talones y volví a su cuarto. Entré sin decirle nada, me arrodillé para estar a su par y le agarré el rostro entre mis manos, lo miré, todo lleno de lágrimas. Me quiero morir Lo miré fijo a los ojos y lo besé. Lo besé con tanta demencia que quería beber de a poco su néctar, borrar todo el dolor, todo el daño que le había causado, sus lágrimas saladas corrían por sus mejillas, se colaban en el beso, mezclándose con mi propio llanto, tardó en corresponder, pero al final cedió. Sus manos veloces me cogieron del suelo y me jalaron a su cuerpo, ya estando encima de él, todo perdió sentido común. Mi mundo era él, lo quería a él, lo necesitaba a él —¿No vuelvas a hacerme esto?, o moriré— la voz de George era un hilo, casi inaudible. Pero la intensidad en sus ojos me dejó claro que lo decía en serio, se morirá si vuelve a pasar. El pensamiento me aterrorizó —Jamás, lo prometo... Te amo— respondí, aferrándome a él con todas mis fuerzas, pero también amo a Willians, que no lo sepa jamás. Ese oscuro secreto debía permanecer enterrado, para proteger a George de la verdad que lo destruiría, mi verdad Después de eso, él empezó a buscarme la ropa del cuerpo, con una urgencia desesperada, me agarró bien fuerte a su pecho, como si temiera que me fuera a escapar. Sus brazos me cogieron, ya desnudo, y me llevaron a la ducha, sabía lo que quería hacer. Quería borrar las huellas de Willians, todo rastro de él Lo quería fuera de mi cuerpo. Él quería su aroma en mí, sus manos solo en mí, él me desvistió y me acompañó a la ducha. Se sacó todo lo que tenía y me encantó ver su cuerpo mojado, su vientre bien marcado, sus anchos brazos, su cabello largo mojado. Era una imagen difícil de olvidar. Un dios griego salido de las aguas —Eres un niño malo— me susurró al oído, con una voz ronca y sensual, me terminó por arrinconar contra la pared de mármol fino. Me subió las manos por encima de mi cabeza y me estremecí entre su cuerpo y sus manos —Debo castigarte— esa voz me calienta La necesito le gimo en la boca, como para darle a entender que lo necesito. Todo lo que él quiera, lo acepto —Te voy a enseñar quién te debe marcar la piel— ¿la piel?, a la mierda las marcas de Willians. Solo quiero sentir las suyas, grabadas a fuego en cada centímetro de mi cuerpo Con su gran fuerza, me viro de cara al mármol, todo era silencio, solo su respiración en mi oído y su corazón volviéndose loco. Cuando sentí una nalgada muy fuerte en mis nalgas, después otra y otra, juré que eso, en vez de doler, me excitaba, cuando terminó, me viro de nuevo a su cara y me agarró de las piernas, una a cada lado, para quedar a su altura. Y de una sola estocada me penetró Solo el sonido de mi lamento, una mezcla de dolor y placer, se escuchó en la ducha, rebotando en las paredes de vidrio. Fue ensordecedor y caótico, pero narcótico entendía algo importante: solo él puede volverme la zorra mas rastrera, por él —¿Aprendiste tu lección?— preguntó, con la voz ronca y entrecortada. Era un castigo, yo no sabía que los castigos eran así, y menos que se sintieran tan rico —Si esa es tu forma de castigarme, pues hazlo muy seguido— supliqué, sintiendo el calor invadirme. Me encantan estos castigos, quiero más, muchos más Fue todo para él, una y otra estocada, más fuerte que la otra, me hacían perder la razón. Me besaba el cuello, me lo chupaba, mordía, quería dejar en claro quién me podía hacer esto, solo él y nadie más: mi cuerpo es suyo. Mis manos recorrían su espalda, sintiendo cada músculo trabajando en cada penetración, yo le gemía en su oído y él se volvía loco con cada grito de placer Mientras le gritó su nombre, él ama que le diga cuánto lo amo. Es su debilidad, su perdición. Y yo, gustosamente, me entrego a él por completo, nuestros cuerpos estaban destinados a chocar y hacer fricción por la rudeza del acto, mi cuerpo golpeaba el frío mármol, pero me demostraba cuánto me encanta. Jamás sentí tal placer. Él me tiene en sus manos, me vuelve loco de deseo y ese será mi perdición. Y me encanta Me sorprendí cuando él me sacó de la ducha y me llevó a la cama. Ahí me dejó muy despacio, dando una orden que yo acaté de inmediato. La anticipación me carcomía por dentro ¿Qué tiene planeado ahora? —Arrodíllate— ordenó, con voz ronca y dominante de inmediato acaté su orden. Me penetró muy duro, hasta el fondo, sentí su pelvis golpear mis nalgas. Él me agarró del cabello y de la cintura, sujetándome con fuerza —Esto te enseñará quién es tu dueño— y empezó con sus embestidas, más duras que las otras. Me estaba desarmando por completo, pero me encantaba, este hombre me vuelve loco Sus besos en mi espalda me erizaban la piel. Posó su mano enorme en mi cuello y me subió la cabeza, mientras en mi oído hablaba —Eres mío, Lian— afirmó, con voz posesiva, claro que soy, pensé, sintiendo un escalofrío recorrer mi cuerpo —Quién mandará en tu piel, seré yo siempre— aseguró, besando mi cuello, mi mente, entregándome por completo a su dominio —No me hagas esto jamás— rogó, con la voz temblorosa Jamás, juro por dios, le prometí, aferrándome a él con todas mis fuerzas —Yo me moriría si me dejas— confesó, con los ojos llenos de lágrimas — No quiero que mueras, amor— le aseguré, besando sus labios con ternura —Ya me encargaré del resto después— ¿Esperen, a qué se refiere con el resto? Después de decir cosas ricas, lindas, apasionadas, tiene que decir cosas... cosas que me hacen sentir miedo —¡Escúchame!— gritó, con una intensidad que me heló la sangre —Pero bien, Lian, yo mataría por ti. Yo haría cualquier cosa por ti, yo pasaría por encima de todos por ti. Eres mío y serás mío. Me importa pasar por encima de quien sea, pero serás mío para siempre. Me perteneces Y fue todo me vine en sus sabanas y él dentro de mí, ¿estas palabras serán verdad? —Yo no hablo por hablar, Lian, soy capaz de todo por ti, ¿me entendiste?— yo solo asentí, sintiendo un nudo en la garganta La verdad, me preocupé mucho. Este hombre no lo vi llegar y me dejé llevar por la pasión y más pasión, junto con el amor. ¿No se puede en esta vida? Pero esta parte de él no la conocía, y me está dando mucho miedo. Él será... No, él es capaz de todo. Él mismo lo dice y lo cumplirá ¿Es esa la pregunta más tormentosa? ¿Hasta dónde llegará por mí? ¿Y qué precio tendré que pagar por este amor?
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