Capítulo 12

1014 Palabras
La noche terminó en los brazos de Willians, un refugio temporal en medio de la tormenta, mi tormenta, pero al despertar por la mañana, lo primero que hice fue salir corriendo, no quería estar ahí, en la cama de otro, en los brazos de otro. Me sentí la peor de las personas, un traidor, un hipócrita en total, que mas podia decirme si ya estaba perdido Iba caminando por la calle, sintiendo el peso de la culpa sobre mis hombros, de repente, empezó a sonar el móvil, al ver de quién era, me quedé malditamente helado. Era él. George Brown Sentí mis nervios a flor de piel, el corazón latiendo a mil por hora, no le contesté, no podía enfrentarme a él. Le colgué, esperando que eso fuera suficiente, pero la mala suerte siempre me ha perseguido. Mi sangre prácticamente se fue de todo mi cuerpo cuando lo escuché atrás de mí. Su voz, gruesa y profunda, resonó en mis oídos, pero no era la voz dulce y cariñosa que conocía: estaba llena de odio, llena de ira, la confrontación era inevitable. El infierno estaba a punto de desatarse y con suerte saldría ileso de esas llamas —¿Jimin, dónde mierda estabas?— la voz de George era un trueno, cargada de furia y posesión, dios, no lo quiero ver. Sabía que en sus ojos encontraría la confirmación de sus sospechas, se dará cuenta, pensaba, sintiendo un nudo en el estómago —¡Eh!... en ningún lugar— respondí, tartamudeando. ¡Oh!, gracias, Lian, le diste para que sospechara más. Malditos nervios, mi torpeza era evidente, delatándome a cada palabra que decía y él agitado por lo que sentía en su pecho y mente diciendo —¡Mirame!— esas palabras las dijo más llenas de ira que antes, remarcando cada sílaba como si fueran bala, sálvame, dios, así mismo como fue un cobarde, así mismo: me di la vuelta, solo para corrobora la intensidad de su mirada que me quemaba, obligándome a enfrentar la tormenta que se avecinaba —No se te ocurra mentirme, Thomson— esa advertencia resonó en mi cabeza. ¿Se acuerdan cuando sus mamás les llaman con nombres y apellidos por enojo? Puesto que esto es peor que el enojo. Esto era la antesala del infierno Él está que mata, y lo sé yo, a pesar del miedo, algo en mí se excitaba con esa intensidad perpetua que me tenia con casos como este moemnto, por algo me encanta: pensé, sintiendo una mezcla de temor y fascinación. Sabía que estaba jugando con fuego, pero no podía evitarlo, la adrenalina corría por mis venas, alimentando una extraña y peligrosa atracción —No quiero historia, nos vemos después— respondí, intentando huir. Saben cuándo uno la caga, la caga, bien cagada, no había escapatoria, solo un abismo oscuro frente a mí —Tú no vas a ningún lugar. Súbete al maldito coche, Lian Thomson— la orden resonó en el aire, implacable e ineludible, si me subo, ¿qué posibilidades tengo de vivir? La pregunta me aterraba, pero la resignación ya se había apoderado de mí. No tenía fuerzas para luchar contra él y sus celos inauditos; tan crudos y llenos de sabor a pasión —No, no y no— respondí a la defensiva, desafiante, vale, ahora sí, estoy muerto. Duermo con mi "novio", él lo sabe y yo lo desafió. Bravo, eres un genio, Lian ¿Qué esperabas? ¿Una medalla? —Das otro paso y se acabó, Lian— la amenaza me detuvo en seco. Vale, eso me sacó de mis casillas ¿Se alejará de mí? ¿Se va? ¿Es eso lo que quiero? O... — Juro que te amo— dice con algo en la voz—Me mataste, Lian, duermes con otro y esto recibo de ti— la voz de George sonaba... quebrada. Maldito seas Lian te odio. El dolor en sus palabras era palpable, desgarrador hasta cierto punto— Gracias por los momentos que me diste... Adiós—¿Qué? No, espera. No puede ser, menos irse de esta manera —Te amo Lian Thomson— el grito final resonó en mi cabeza, lleno de amor y desesperación La verdad, me dolió hacerle esto a él, y más al ver su dolor, escuchar su voz quebrada... me destrozó por dentro. Pero tengo un lío en mi cabeza, una confusión de sentimientos que me impide ver con claridad, pero ahora solo me interesa él. A pesar de todo el daño que le he causado, a pesar de la tormenta que se avecina, él es lo único que importa. Así que me decidí a irle a buscar Sabía dónde estaba: LA FINCA. Ese lugar apartado, su refugio personal, donde se escondía del mundo. Tendré que ir allá y no me importa lo que me espere, arreglaré las cosas. Le pediré perdón, le demostraré que lo amo, haré lo que sea necesario para recuperarlo y no perderlo así como ya me perdí a mí mismo No faltó mucho cuando llegué los guardias me dejaron pasar nomás, como si estuvieran esperando mi llegada. La empleada estaba ahí en la puerta, con una mirada triste y compasiva. Me dijo dónde estaba: en la recámara. Con una botella Mis pensamientos dolieron mucho, la verdad. Cada paso que daba hacia la habitación era una tortura, imaginando lo que encontraría al otro lado, subí con precaución, conteniendo la respiración porque sentía que iba a morir si encontraba algo malo La puerta estaba entreabierta, entré y ahí estaba él. George Brown sin su camisa, solo con el pantalón, sentado en la orilla de la cama, con los brazos apoyados en las piernas y la cabeza agachada. En sus manos, una botella, la misma imagen se clavó como puñal en mi pecho, abrio la herida que ya exista desde que empezó todo esto con él, esa noche me debí detener, ahora era muy tarde ya La culpa me mata. Verlo así, tan vulnerable, tan destruido... Lo estoy matando de eso estoy conciente, yo lo estoy matando de a poco
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