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1407 Palabras
El Plazo Saros entró al comedor a desayunar como le había prometido a Yaina el día anterior cuando escuchó la voz de Kairon dando instrucciones al mayordomo. - La emperatriz no bajará - le dijo - Notifica a las doncellas que la dejen dormir. Prepara medicinas y lociones analgésicas, yo mismo la atenderé cuando termine de desayunar. - ¿Necesita que llame al sanador? - No, yo me encargaré. - Buenos días, majestad. - dijo Saros sentándose en el asiento cercano dejando que los sirvientes le sirvieran los platos calientes - Buenos días, gran duque - dijo Kairon haciéndole un gesto a Marcus para que se retirara - Pensé que dormirías hasta tarde después de la reunión. - Oh, vaya, - dijo tomando un sorbo de su té - No podría, acordé con la emperatriz de desayunar juntos ¿Hay algún asunto por el que no ha bajado? - Esta indispuesta en este momento, me disculpo por ella. Saros lo miró de reojo y sonrió. Desde su llegada al palacio parecía que había provocado situaciones que incomodaron al emperador varias veces. Parecía que seguía siendo inmaduro a diferencia de lo que había dicho Yaina. Mientras él se había hecho cargo del gran ducado de Ganhé a una temprana edad, su primo se había dedicado a jugar y escapar de sus responsabilidades. Eso le molestaba y, aunque entendía los motivos, con su nueva actitud que tendía a cambiar lo establecido y la actitud brusca hacia su compañera, Saros se estaba poniendo cada vez más nervioso e irritable haciéndole casi imposible controlar su mal humor en el palacio. Además, la nueva emperatriz le causaba curiosidad. Los embajadores en Odea y nobles que la habían conocido en sus visitas al imperio con su hermano, el marques Caldwell decían que era una joven mimada y sobreprotegida por sus hermanos, tanto como para haber rumores de que era amante de su hermano adoptivo. También había rumores de que el emperador, tras reencontrarse, estaba totalmente dominado por la conexión con el león volviéndose inestable e imprudente en lo referido a ella. Tanto que había hecho valer una promesa de matrimonio que había hecho el antiguo emperador con el padre de la joven para tenerla. Por un momento había temido que esa joven inmadura pudiese controlar a su primo con sus encantos e influenciar sus decisiones políticas que podrían afectar a la gente del imperio. ¿Podría tener ese poder una niña que solo se preocupa por sus accesorios y vestidos? Eso pensaba antes. Pero el interactuar con ella estos días, le hacía dudar, no podía explicarlo, pero había algo en su comportamiento…Era una princesa del reino vecino, educada, con todas las comodidades y lujos de su posición, pero era lo suficientemente consciente de las personas que la rodeaban, nobles o plebeyos de una manera diferente. No para sobresalir o en busca de atención... era como su hermano el duque Corelia. Saros y el duque habían sido compañeros de generación mientras el marques y Kairon también lo eran en dos cursos menos. El joven duque siempre serio y reservado, tenía ese brillo astuto en sus ojos que hacía mantenerte alerta a su lado esperando por la reacción. Acaso los Derk eran criados de una manera en particular, se preguntó con curiosidad. - ¿Aun mantiene las rutinas de Odea? Vas a tener que encargarte de que aprenda los protocolos imperiales. - le dijo bebiendo de su vaso haciendo una mueca fingida. No sabía por qué quería hacerlo enojar. Kairon lo miró con los ojos entrecerrados, molesto. - El que descanse es mi disposición, gran duque. - le dijo - Acabamos de llegar al imperio después de diez meses desde la boda. - Claro - dijo Saros con sarcasmo - Se entiende...10 meses de luna de miel en Odea debe ser agotador - vio a Kairon apretar los labios, pero luego sonrió. - Vaya, querido primo. - dijo el emperador tomando su copa. - Cómo podría dejar de disfrutar a mi bella esposa. - Supongo que con la imprimación no puedes controlarte. - se burló Saros. - La caída del puente fue una bendición. - dijo Kairon suspirando - Estar aislados solo hizo que el león la necesitara más - ¿Podrás trabajar mientras no estés entre sus piernas? - le dijo irritado. - Por supuesto. - exclamó Kairon riendo - Aunque reconozco que me gusta estar entre ellas más que trabajar. Me vuelve loco. El emperador vio como Saros resoplaba molesto, pero se mantuvo en el papel. Marcus le había dicho que los aristócratas estaban preocupados por los rumores de que estaba totalmente obsesionado por la emperatriz casi dependiente de su presencia. A tal punto que la acariciaba en cada momento que podía y no dejaba de estar con ella cada noche. Reconocía que había empezado como una forma de molestar al Sarlack y proteger a Yaina, pero también era divertido ver las caras de los nobles que creían que no era apto para gobernar a Yamain menos ahora que estaba gobernado por sus deseos y lujuria. Junto a Yaina habían acordado mantener la imagen que tenían en Odea hasta poder ver con sus propios ojos la situación del imperio por lo que Yaina se comportaba como una dama noble pudorosa de su esposo el que no le sacaba las manos de encima. También fingía no ver la ironía y el sarcasmo de la corte y él por su parte, actuaba como el príncipe que tenía que gobernar solo porque su padre abdicó. Una vez que pudieran tener el panorama completo podrían comenzar con los cambios y mejoras. Por la reacción de Saros, lo estaban haciendo bien. Creyó que su desplante en la reunión del consejo lo habría descubierto. No parecía ser el caso. - Trabajas demasiado, primo - le dijo Kairon - Mi cuñado también trabaja y trabaja. Lo bueno es que se ha casado y tiene un bebé. Eso le ayudará a relajarse. - lo miró divertido - ¿Debería buscarte una esposa? Eres mayor que yo y aún estas soltero. - le preguntó alegre haciendo que Saros se sobresaltara. - Mi elección de esposa solo depende de mi, majestad. - advirtió Saros con un tono peligroso. - ¿Qué extraño? - dijo Kairon pensativo - Hasta donde sé, el emperador puede establecer alianzas a través del matrimonio si estas pueden asegurar el bienestar del imperio. - Así es. - le dijo tenso - Pero tal como tu encontraste a tu compañera yo deseo elegir a la mía. - Oh, vaya. - exclamó - No sabía que eras un romántico. - No lo soy, pero si tengo que vivir el resto de mi vida con alguien, me gustaría elegirlo yo. - contestó irritado - El matrimonio de mis padres fue político y mi madre nunca fue feliz. No quiero eso para mi esposa, majestad. - Lo entiendo. - dijo Kairon meditando sus palabras -Estaré atento entonces a encontrar alguien que te guste. - Majestad - advirtió Saros - Lo haré por mi mismo. - Te daré 6 meses. - dijo terminando de desayunar. - Después de ese tiempo elegiré yo. - ¡¿Qué dice majestad?! - Saros se levantó tenso - ¿Por qué el apuro? Kairon lo miró antes de cruzar la puerta. - Pareces muy interesado en la emperatriz - le dijo serio - Con una esposa en tu cama, tu interés volverá a su lugar. - ¿Estas insinuando que me interesa tu compañera? ¿Estás loco? - lo tuteó revelando pérdida de control. Cuando lo advirtió, respiró tratando de relajarse - No me atrevería a codiciar a la mujer del emperador, majestad. Mi curiosidad solo se debe a que no la conozco y es nuestra nueva emperatriz - le dijo sacando un estuche de su chaqueta - Además, me ofrecí a reparar el brazalete que perdió ayer. Le pido que se lo entregue, majestad. - ¿Solo curiosidad ? - preguntó Kairon abriendo el estuche para ver el brazalete, el que conocía muy bien - Vaya, eso es interesante. Lo tendré en mente - Salió del salón dejando a Saros totalmente en alerta. - ¿Alteza? – preguntó Ciro en un susurro acercándose a su señor. - Estoy bien - le dijo agradecido de que no hubiera otros sirvientes en ese momento o las palabras del emperador habrían corrido como un rumor afectando no solo a su esposa si no a él mismo - Mantén la calma.
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