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1139 Palabras
Confrontación entre los Primos Yaina disfrutaba del calor de la tarde en un banco de los jardines traseros del palacio de Los Lirios. Estaba dolorida por la noche anterior, pero no podía quedarse en la cama solo por eso. Había rechazado la visita de Kairon y después de almorzar había bajado a los jardines laterales cercanos al palacio de la emperatriz. Era una zona poco concurrida ya que el palacio no había sido ocupado desde la muerte de la emperatriz anterior, la madre de Kairon. Le había llamado la atención que hubiese flores Corelia plantadas en él, pero el jardinero le había explicado que habían sido plantadas por la emperatriz para su amiga, la antigua duquesa Corelia a fin de que se sintiera en casa durante sus visitas al palacio. Suspiró tratando de imaginar a su madre ahí, pero no la recordaba. Sonrió al pensar que, si ella se sentía más tranquila al verlas, su madre también se habría sentido de la misma forma - Majestad -escuchó llamar a Lucy - Iré por una manta, está refrescando. - Ve, - le dijo con una sonrisa - estaré aquí. - Regreso pronto, majestad - le dijo y se retiró corriendo hacia el palacio. Yaina suspiró mientras se estiraba perezosa hasta que escuchó un ruido en un árbol cercano. Caminó buscando el origen del ruido mirando hacia las ramas hasta que pudo ver a un pequeño polluelo en una rama bajo el nido. ¡Oh, se cayó! pensó. Si se seguía desplazando caería de una gran altura. Miró a todos lados para llamar a un jardinero o a un caballero, pero no veía a nadie. Titubeo por un instante, pero se decidió cuando lo escuchó llamar desesperado. Activó su magia desplegando las alas y se elevó lo suficiente para pararse en una rama cercana quedando tapada por el follaje. Escondió las alas y tomó al polluelo con una mano antes de que escapara de ella y cayera. - Hola pequeñito. - le dijo sonriendo al ponerlo en el nido donde lo esperaban otros tres hermanos - Aún no es el momento de saltar. Tus alas no están listas. - le regañó con cariño acariciando su cabeza y, en respuesta, los cuatro polluelos comenzaron a hacer ruido asustados - Ya me voy, - avisó - solo lo ayudé. No tienen que ponerse así. Su madre vendrá pronto. - ¿Majestad? La voz de Saros desde abajo la sobresaltó haciéndole perder el equilibrio. - ¿Qué demon..? - grito Saros extendiendo los brazos para atraparla cuando la vio caer sin tener tiempo a pensar más allá. - Perdón, Excelencia. - le dijo Yaina sonrojada a horcajadas sobre él, quien estaba de espaldas con las manos en su cintura cuando cayó por el peso extra - Fue un accidente... - ¡Yaina! - la voz tensa de Kairon se escuchó mientras se acercaba llevando la manta seguido de Lucy, Arak y Don - ¿Qué estás haciendo? Yaina lo miró con la boca abierta y luego se sonrojó violentamente al ver la incómoda posición. - No es lo que crees, yo estaba ayudando a un polluelo y me resbalé. Su alteza me ayudó. Kairon la aferró y la levantó con brusquedad permitiendo que Lucy le arreglara las faldas del vestido y a Saros pudiese incorporarse. - ¡¿Y cómo quedaste sobre él?! - Volé hasta la rama, el nido… - balbuceó nerviosa indicando hacia arriba y luego bajó la cabeza avergonzada -Me sorprendió, yo… - Llévenla a su habitación – ordenó a Lucy y a Don con dureza. - Kairon, yo…- comenzó a decir Yaina. - Ve a tu habitación, princesa - le dijo cortante - Ahora. - Es un malentendido, por favor - le pidió. - ¡A tu habitación! - ordenó Ducalyon con los ojos brillando haciéndola saltar. - Vamos, majestad. - dijo Lucy tirando de ella - Haga lo que pide su majestad. - Maestra, ahora no la escuchará, vamos. - pidió Don. - Vuelvo a disculparme, alteza. - se inclinó la joven haciendo que Saros la tomará por los brazos para impedirlo. - No se incline, majestad Todo está bien. Fue un accidente. Me alegro de que no se haya lastimado. - Muchas gracias, alteza. - le dijo para luego alejarse hacia el castillo dejando a los hombres en el jardín. Saros se arregló la ropa haciendo tiempo para mirar a Kairon. Los ojos brillaban por lo que el espíritu estaba en la superficie. No era conveniente enfrentarlo ahora. - ¿Qué demonios estabas haciendo? -gruñó Kairon. - Es como dijo su majestad, - explicó - La escuché hablar y me la encontré arriba de las ramas. Debe haberse sorprendido y resbaló. Solo quise ayudar. - Te dije que no te acercaras a ella. - le dijo molesto. - Y yo le dije que no tengo ninguna intención inadecuada con la emperatriz, majestad - le dijo desafiante - Creo que debería controlar esos celos posesivos. Está viendo cosas donde no hay. - ¡¿Cómo te atreves?! - gruñó lanzando un puñetazo a la cara haciéndole caer al suelo. - ¡Majestad! - gritó Arak a punto de intervenir, pero se detuvo al ver a Saros negar con una mano. - Déjalo. - le dijo Saros levantándose - Aún no puede controlar su enojo. Sigues siendo infantil, majestad. ¿Se siente mejor ahora? - Defiéndete. - le dijo Kairon con los dientes apretados. - Me temo, majestad que si lo hago podría ser acusado de lastimar a la familia imperial y eso no sería bueno. - le dijo Saros girándose para alejarse - Me retiro primero, majestad. Antes de que pudiera girar, Kairon lanzó otro golpe, pero esta vez Saros detuvo el puño con la mano y lo miró fijamente - Sugiero que respire, majestad - advirtió haciendo brillar sus ojos dorados - Aunque no tengo el espíritu del león en mi, tengo su sangre y puedo usar el aura. No le conviene seguir con esta discusión. Fue un accidente. No debería dudar de su compañera como lo acaba de hacer. La ha humillado al desconfiar de ella. - vio cómo se tensaba. - Lo que pase entre nosotros no es de tu incumbencia - gruñó Ducalyon. - Si lo es mientras la persona acusada sea yo, majestad - le dijo serio - No permitiré que nadie me acuse de algo que no es verdad. Ni siquiera usted, emperador. Así es que cuide sus palabras. - Archiduque, - dijo Kairon con lentitud cada vez más furioso - Recuerde su posición. - Le digo lo mismo, majestad - dijo Saros con sarcasmo - Ahora es tiempo, me retiro primero, majestad. Partiré al amanecer al gran ducado y debo descansar. Me despido, majestad - se inclinó en una fastuosa reverencia y se alejó por el jardín dejando a Kairon lanzando maldiciones.
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