El día había transcurrido con una calma engañosa. El sol se derramaba en los jardines con un calor pesado, empujando a los criados a trabajar con más lentitud de lo habitual.. Llevaba un par de horas rondando la idea, buscando el momento adecuado para mencionarla. Sabía que Alaric no era un hombre fácil de convencer; cada palabra debía estar medida, cada gesto debía mostrar más prudencia que atrevimiento. Y, aun así, no quería dejarlo pasar. Alaric estaba en la galería, revisando unos documentos, cuando me acerqué. Lo observé un instante en silencio. El porte rígido, la expresión dura, la concentración que parecía impenetrable. Una parte de mi se preguntaba si no era una locura siquiera intentarlo. Pero luego pensé en Leo, en la forma en que se iluminaba cuando tenía algo nuevo que descub

