92.Un juguete roto ya no sirve para jugar POV Desmond El día había llegado. El salón principal del hotel reluce bajo las lámparas de cristal como si cada destello quisiera inmortalizarse en la memoria de quienes llenan el lugar. Los invitados se mueven de un lado a otro entre risas, copas de champaña y murmullos cargados de expectativa. Todo es blanco y oro: un escenario impecable, casi irreal, para un compromiso que, en otro tiempo, habría sido el cumplimiento de un sueño… pero que ahora solo me deja un sabor metálico en la boca. Tamara se mantiene a mi lado, impecable en su vestido marfil que abraza su figura con la precisión de un secreto. Su mano descansa en mi brazo con una familiaridad que alguna vez me resultó natural, y que ahora me incomoda como una soga invisible. Sonríe a lo

