Caminó lentamente hacia él, quitándose la chaqueta liviana y poniéndosela en los hombros pues empezó a tiritar con los ojos cerrados. Se acercó y se colocó de rodillas frente a él, quien trataba de ocultar el rostro que tanto le gustaba de ella mientras se enjugaba las lágrimas con el dorso de la mano. Aún podían verse las marcas de sus uñas que le había dejado en el nacimiento del cuello aquel día en que la sacó de la piscina. Hizo el recorrido de la marca con un dedo. El se tensó al sentir el movimiento.
—Josh, no tengas vergüenza, está bien llorar — le dijo dulcemente sin saber que mas hacer. Era la primera vez que tenía tanta familiaridad con él y que estaban tan cerca. El efecto de su cercanía parecía una fuerza que la repelía. Bueno, a decir verdad hubo una excepción aquella vez que se embriagó en la fiesta y amaneció en su cama. Solo recordarlo le daba un calor terrible aunque no podía recordar los acontecimientos de esa noche.
Él levanto la vista con los ojos vidriosos y lo que vio en ese momento en la profundidad de esos pozos oscuros no se pudo olvidar más. Sintió que él necesitaba ser reconfortado por lo que intentó otro acercamiento, tocando primero detrás de sus orejas luego bajo por detrás de su cuello para atraerlo hacia ella. Jamás había tenido un contacto así con un hombre, pensó. Ni siquiera sabía si lo que hacía estaba bien. El no reaccionó. Se quedó quieto cerrando los ojos, haciendo un esfuerzo sobrehumano para mantener el control de sus emociones. Al sentir las manos de ella sobre su piel despertaron en él un instinto salvaje que lo hizo sentir como aquel día que prefería olvidar. Sin embargo ella parecía no darse cuenta de la lucha interna que tenía. Con un poco de desconfianza y la inexperiencia que tenía en estos temas, lo atrajo hacia ella y lo abrazó cálidamente haciéndole apoyar la barbilla en uno de sus hombros. Él permaneció sin moverse, pudo sentir el olor de su piel a través de la suave tela de su blusa y lo aspiró cual si fuera una droga para que le quedara guardado para siempre y la envolvió con sus brazos. Sabía que hace tiempo necesitaba eso, necesitaba escuchar que ella lo perdonaba. Lloró amargamente por todo lo que perdió por culpa de su cobardía. Ella le susurraba palabras cariñosas, como cuando arrullaba a Michael para que se durmiera mientras acariciaba su cabeza, introducía sus dedos entre los cabellos ondulados de él. Él empezó a buscar su boca desesperado, primero tímidamente como jamás lo había hecho. La tomó por detrás del cuello para atraerla más hacia él. Ya sus cuerpos estaban pegados por la transpiración de él. Ella pudo sentir su dureza no pudiendo hacer nada él para evitarlo. Maia se sorprendió tanto que quedó sin reaccionar mientras él intentaba introducir su lengua. Tenía tantas ganas de probarlo, había soñado tanto con un momento así, un momento que solo habitaba en sus pensamientos. Ella deseaba tanto sentirlo que abrió levemente los labios como dándole permiso. El entró finalmente buscando su respuesta. Ella tocó apenas esa lengua movediza y la sensación fue embriagadora. Se sintió floja. Escuchó la fuerte respiración de él mientras sus manos recorrían su espalda. Se sentía atrapada, aprisionada en ese cuerpo mucho más grande que ella que la abarcaba toda, parecía un gran recipiente en el que cabía tranquilamente.
—Maia —susurró el en un momento en que se separaron para poder respirar. La tomó del rostro con ambas manos, sólo la miraba en medio de una nebulosa causada por las lágrimas que seguían saliendo sin que pudiera evitarlas.
En ese momento escucharon voces que se acercaban. Ella se levantó de un salto, poniéndose la prenda que había puesto sobre él. El hizo lo mismo más lentamente. Necesitaba recuperarse. Ella se puso roja pues recién comprendió la magnitud de lo que acababa de pasar. Él la miraba con avidez hasta que ella salió corriendo en el mismo momento en el que el señor Nigel entraba al galpón.
Sabía que debía alejarse de ella. No podía vivir bajo el mismo techo que la mujer que le quitaba el sueño. Debía hacer algo antes que se quemara del todo...
El diario
"No entiendo que pasó, ¿por qué Josh me besó?. Seguramente tenía tantas emociones que lo llevaron a hacer una locura. Tal vez ni él comprenda su reaccionar. Pero yo si entiendo los míos. Entré como loca a mi habitación, necesitaba refrescarme antes que las llamas que ardían dentro de mí finalmente acabaran conmigo. Tenía la ropa interior mojada y su olor en todo mi cuerpo. Me estoy volviendo loca. Ese hombre me vuelve loca. No sé si pueda resistir mucho más..."
Hace cuatro años
Las galerías y pasillos del instituto estaban silenciosos. La locura diaria había terminado. Cada uno se dirigía a sus destinos al finalizar su jornada. Menos Maia. Había olvidado un libro en su estantería y debía realizar una tarea para el día siguiente. Volvió sobre sus pasos y rogó que el personal de limpieza aún se encontrara porque sino no podría ingresar. Afortunadamente el señor siempre amable con ella le autorizó y corrió antes que fuera más tarde. Salió camino a su casa, debía apurarse para tomar el autobús pues su madre ya tenía que irse a trabajar y Chris quedaría solo. Nunca se enteró que un auto la seguía. Tenía la rara impresión de que alguien la observaba, podía sentir la calidez de unos ojos desconocidos que estaban posados en ella pero seguro era imaginación suya.
Josh
Tal vez si en aquel momento ella hubiera volteado, se hubiera encontrado con mis ojos oscuros que tenían siempre la curiosidad de saber adonde iba y con quien lo hacía. En aquel entonces ya tenía ganas de hacer lo que hice hoy. Quería tenerla en mis brazos, absorber el aroma de su piel y sentir sus labios. En definitiva, fue mejor de lo que imaginé y ahora sí, ya no sabía como hacer para detener el huracán que se había desatado en mí.