Capítulo 1 : Donde todo inicio.
Gracias papá le dije cuando el me felicitaba con una gran sonrisa y esa mirada azul que caracteriza a nuestra familia.
Estoy en una fiesta en mi honor por mi graduación, debería ser un día importante pero para mí es más un trámite. Lo importante va ser cuando me siente en el sillón que me toca usar en la empresa de mí familia, y demuestre que estoy a la altura de ese lugar.
Soy Emilia Velger, la hija mayor de mí familia. La primogénita.
Me he recibido de Arquitecta.
Y mí hermano Ignacio Velger en Administración Hotelera.
Si mí padre es el gran Federico Velger, dueño de Velger Casinos Hotel Group.
El se había encargado de preparar a sus dos hijos para que sigan administrando su Imperio.
-Si tu madre estuviera con nosotros estaría tan feliz y orgullosa de ti princesa.
- Papá, no me digas así, ya he crecido para seguir siendo una princesa.
El ríe, siempre serás mi princesa, así tengas 90 años.
- ¡¡Permiso!! ¡¡Permiso!! -Federico siempre tan guapo, le dice mi amiga Ana a mi padre.
- El la mira y sonrie,- si tus padres te escucharán niña traviesa.
- Por eso lo digo bajo, no soy tan tonta. Pero si algún día te decides en ser el sugar daddy de alguien me ofrezco para el experimento, me puedo sacrificar Federico. Y le guiña el ojo.
- Pequeña siempre de tan buen humor. Se gira mi padre y se va.
- Tu padre no me va tomar enserio nunca.
Y yo que quería ser tu madrastra.
- Ana estás hablando de mí papá.
- Pero está bueno, y en la vida hay que apreciar la belleza.
Si así era mi amiga Ana, tan extrovertida, pícara y a la vez aniñada. Su melena castaña le llegaba a la cintura, esa cintura que todas envidiabamos.
Ella era una radiante Diseñadora de modas. La moda y ella eran inseparables.
- Y bien ¿hasta que hora debo esperar?, esa era Martina, seria, estructurada, y nuestra rojita, pero no le podíamos decir así más porque ahora es una abogada importante.
No recuerdo mí vida lejos de ellas, son mí ancla. Y es mutuo entre nosotras. Una amistad leal, yo daría hasta mi vida por ellas.
Ana me golpea con el codo para que vea quien está entrando y es el, Aníbal Ros la mano derecha de mí padre.
Son invencibles en los negocios, Aníbal empezó siendo su secretario, pero no tardo mí padre en darse cuenta el potencial que el tenía, y ahora es su mano derecha.
Camina hacia mí con esa sonrisa que baja la ropa interior de cualquiera, es alto, rubio con ojos color miel. Es....es el amor de mí vida desde hace 5 años.
El problema es que no llega donde estoy porque es interceptado por mí prima Pamela.
Pamela está enamorada de él, pero el solo tiene ojos para mí y yo para el.
Que frustrante ella siempre en el medio, es una realidad nunca nos hemos llevado bien. Ella con esa cara de soy una santa. Cuando es una serpiente venenosa.
Ella y su madre Alicia viven con nosotros desde que el hermano de papa falleció.
- Cambia esa cara, no tienes que ser tan obvia. Tu padre se va dar cuenta. Me susurra Ana.
- No sé que le ves, no me gusta ese hombre para ti. Me dice Martina
- A ti nadie te cae bien, le digo.
- Hay gente que si, pero ese hombre no me gusta para nada
Ruedo mis ojos, y salgo al jardín. Ya estaba de mal humor. Y quién era la culpable Pamela, siempre metida, rogando amor.
Amor que no hiba a tener porque ya tenía una dueña y esa era yo.
- Porque tan sola? Esa voz que tan bien conocía.
Me gire lentamente, y ahí estaba el en su impecable traje n***o.
- Necesitaba tomar algo de aire.
Se acerca lentamente a mí, me extiende una pequeña caja roja.
La abro y ahí hay una hermosa pulsera de oro. Con un dije en forma de corazón
- Felicitaciones arquitecta, va ser un gran honor trabajar contigo.
Me mira a los ojos, me dice puedo?.
Yo solo asiento, claro que puede, puede todo de mí pero es algo que no le puedo decir.
Solo nos llevamos 5 años yo tengo 25 años y el está por cumplir 30 años.
Es el amor de mí vida, el padre de mis hijos aunque todavía el no lo sepa.
El gran problema es mí padre, el espera un gran empresario para que sea mí esposo y yo solo lo quiero a el, no me importa que no tenga fortuna.
Saca la pulsera, y lentamente la coloca en mí muñeca, la mira y acerca sus labios al dije y lo besa. Me mira a los ojos, si supiera cuánto sueño con esos ojos.
- Para que me tengas cerca. Me dice.
Me sonríe y vuelve al salón.
Yo me quedo sola sin poder creer lo que acaba de suceder.
Será que el también corresponde mis sentimientos.