Un mes más pasó, Amalia seguía haciendo el trabajo a pesar de que un Jean amable le dijera que no era necesario, después le decía que limpiar era más decente que ser el centro de atención del pastel de fantasía, y luego ser ignorada. Amalia sentía los estragos del embarazo habían olores que le eran insoportable, habían días entero que vivía en el baño, por los vómitos, y justo hoy era uno de esos días. Estaba a punto de salir al jardín cuando su mundo se desvaneció cayendo a los pies de Jean quien la tomó en brazos y caminó con ella a la habitación. —¿Estás bien? ¿Que sucedió, por qué te desmayaste? ¿Acaso está enferma? —¡Oh! Por dio, Jean, no te preocupes, habló al verla reaccionar casí de inmediato. —Vamos al médico, tiene que revisarte. —¡No! No por favor no te molestes, es solo c

