El sol entró por la ventana y llegó hasta topar la piel de Samantha, quien descansaba sobre las blancas sábanas. Muy despacio se movió y poco a poco fue despertando, Vlad no estaba en la cama, algo inquieta por su ausencia, levantó el tórax para buscarlo con la mirada, al segundo lo vio salir del baño con una toalla envuelta en las caderas. Sus cabellos estaban húmedos por el agua al igual que el resto de su cuerpo. En su rostro se mostraba una paz y serenidad profunda. Caminó hasta donde estaba ella, colocó ambos brazos en los barandales de la cama dejando ver fuertes y grandes músculos. - Buenos días, Samy. – dijo sin dejar de verla, se perdió en sus ojos por completo. – he preparado el desayuno, también ordené que te trajeran ropas nuevas. - ¿El desayuno lo preparaste tú? – preguntó

