La cabaña tenía un olor a madera exquisito, acogedora y caliente. La chimenea estaba construida de piedras al igual que los pilares. Vlad lo primero que hizo fue prender la leña para entrar en calor. Estaban empapados de agua que en cualquier momento Samantha podría agarrar un resfriado. - Hay una habitación aquí junto. Toma la ropa que te quede para que puedas cambiarte. – dijo, mientras removía la leña para que el fuego se esparza. - ¿Qué hay de ti? ¿No piensas cambiarte? Vlad estiró sus labios por aquella pregunta. - No va a sucederme nada, el frío es mi acompañante desde hace años. Ahora ve a la habitación y usa ropas calientes. Samantha no dijo nada más, asintió ante su petición y fue en busca del dormitorio. Era elegante y olía a Vlad, olía a él por todas partes. Se acerc

