Dormir en el sofá no era para nada relajado. Samantha sentía su cuello doler que no dejaba de masajear de arriba abajo o en círculos en esa zona. Se encontraba en la oficina con sus ojos fijos en los diseños de los jardines próximos, mientras sus manos la ayudaban en el cuello. Despertó en la mañana y Vlad ya no estaba con ella, tampoco en la mansión, la había dejado dormida y con una manta sobre sus hombros. Subió a la habitación, se dio un baño, fue por su hijo y se despidió de él dejándolo con James. - Señora Samantha, la señorita Martina está aquí. – dijo su asistente de oficina por teléfono. - Permite que pase. – respondió y se preparó a recibirla. Martina entró con una gran caja en sus manos. Como era una mujer de estatura pequeña, la caja la cubría de la cintura para arriba.

