Subimos al coche de alquiler y Kurt puso rumbo a la primera de las capillas que tenía como nombre Elvis. No hablamos mucho durante el trayecto ya que ambos estábamos demasiado ocupados bebiendo café y yo intentaba recostarme en mi asiento con los ojos cerrados para evitar la mayor parte de la cegadora luz del sol. Todavía no podía creer la situación en la que me encontraba. Condujimos de capilla en capilla durante un tiempo sin suerte. Kurt se encargó de entrar en cada una y preguntar ya que, al parecer, habíamos utilizado su tarjeta de crédito. Esperé en el coche jugando otra vez al tres en raya en el móvil. Lo había cargado cuando nos subimos al coche para intentar calmarme combinando formas de colores sin pensar. Siempre me ayudaba a relajarme, incluso cuando perdía el nivel. El jueg

