Jane A pesar de lo cómoda y feliz, por no decir rica, que me sentía con Kurt en el avión, mis nervios y mi ansiedad volvieron en cuanto el avión tocó la pista del Aeropuerto Internacional de San Diego. Esperaba tener que coger un taxi pero por lo visto Kurt tenía su propio coche en uno de los aparcamientos de larga estancia del aeropuerto. Imaginaba que tendría un Porsche o un BMW, pero nos dirigíamos hacia un elegante Tesla verde nacarado que, a pesar de llevar una semana aparcado en un garaje polvoriento, parecía recién salido del concesionario. Quizá el aparcamiento también ofrecía servicios de limpieza. ¿Eso existe? Y si no es así, ¡debería existir! Me vio mirando su coche y sonrió. —¿Te gusta? Yo la llamo Suzy—, me dijo mientras me ayudaba a meter la maleta en el coche. —Sí,

