Lucas abrió los ojos cuando la escandalosa alarma sonó del otro lado de la habitación. Se levantó en un solo movimiento y corrió a apagarla, quedándose a un lado mientras despertaba por completo. Siempre colocaba su celular en su pequeño escritorio para obligarse a salir de la cama en cuando sonara porque le daba pánico la idea de quedarse dormido. Se estiró, sacudió la cabeza justo antes de que su segunda alarma, su seguro en caso de que la primera fallara, comenzara a avisarle que habían pasado cinco minutos. Se encaminó para tomar una ducha y miró su rostro cansado en el espejo. No solía descansar por las noches. Se quedaba despierto durante horas pensando en todo lo que haría al siguiente día. Repasaba una y otra vez el procedimiento exacto en su cabeza porque no quería olvidar nada.

