―¿Qué? ―le pregunté sorprendida. ―Sí, ella se acostó aquí con Miguel, pero fue porque ella quiso. ―Yo jamás haría eso. ―Lo sé, eres demasiado honesta. Y eso es lo que me hace creer en ti. ―¿Cómo llegaste a mi pieza? Nunca entras sin golpear. ―Nos levantamos y Martina buscaba a Miguel. Él dejó cargando su celular en la pieza de ella y la despertó una llamada. Bueno, no una, varias, pero Miguel no estaba por ninguna parte y luego de buscar por toda la casa, llegamos a tu pieza. ―A lo mejor se llamó a sí mismo. ―También lo pensé. Daniel abrió la puerta de mi dormitorio y la cama estaba deshecha con las sábanas caídas, fiel testigo de lo mal que dormí. Se acercó a la cama y la miró por un largo rato. ―No dormiste con él. ―Eso es lo que te estoy diciendo. ―Sí, pero ahora est

