―Yo no tengo nada que hablar contigo, por favor, déjame tranquila ―exigí con temor. ―Después de que te acostaste conmigo, ¿me dices que te deje tranquila? ―No me acosté contigo. ―Tú me amas, Cristi, yo soy el amor de tu vida. ―Ya quisieras. Me zafé de su mano y quise irme, pero él me volvió a sujetar. ―Todo el amor que jurabas tenerme, ¿fue una mentira? ―No, no fue mentira, fue una tonta ilusión, una ilusión que tú te encargaste de tirar a piso. ―Yo te amo, Cristi. ―Pues no se nota, todo lo que has hecho ha sido hacerme daño, me dabas esperanzas y me las quitabas sin importarte nada. ―Eras tú la que no quería aceptar mi amor. ―¡Mentira! Me apretó más el brazo y se acercó mucho a mí cara, amenazante. ―Tú me hacías daño al dejar que todo el mundo se interpusiera en nu

