Ese agosto pasó muy rápido. Miguel volvió a la casa, pero ya no intentó buscarme. No sé si Daniel habló con él, tampoco me animé a preguntar, ya no quería causar más problemas entre ellos. Además, después de mucho pensar y analizar las palabras de Daniel, sentía que lo mío no era verdadero amor. El último día de agosto, don Carlos nos dio la sorpresa de que ya podía dejar su silla de ruedas. Usaba un andador burrito para ayudarse a caminar. Esa noticia nos puso muy contentos a todos. Cada día se esforzaba más y más por salir adelante y mejorarse, lo que estaba logrando muy rápido según el doctor. Para celebrar, el viernes hicieron un asado al que asistieron varios vecinos amigos de la familia y, por supuesto, también estuvieron Martina y Miguel. También estaba la mamá del hijo de Migue

