Me desperecé con lentitud, notando el cuerpo dolorido en todos y cada uno de mis músculos. No sabía que podía dolerme tanto en tantas partes diferentes. Abrí un ojo, solo lo justo para intentar ver la hora en el despertador barato que tenía sobre la mesa y que siempre estaba parado. Las tres primeras que me ocurrió eso, le cambié las pilas de manera muy diligente, pensando que a lo mejor en vez de pilas nuevas, había cogido las ya usadas sin querer. Pero para la cuarta vez ya llegué a la conclusión de que el problema lo tenía el reloj, y no las pilas, así que lo dejé por un caso perdido, pero me resistía a tirarlo a la basura. En casa del pobre nunca se tira nada, solo se recicla y se usa para otra cosa, pero habían pasado dos meses y aún no había descubierto un nuevo uso que fuera realmen

