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1115 Palabras

El museo, como había advertido Makena, se encontraba cerrado. El guardia de la entrada dormitaba en una silla y apenas una cuerda de terciopelo rojo impedía la entrada. Desde las escaleras de piedra Tomás analizaba la situación. -Vamos, ya te avise que iba a estar cerrado.- le dijo Makena poniendo los ojos en blanco, en un gesto que comenzaba a serle familiar al joven. -Esperá, tengo una idea.- le respondió Tomás mirándola con suspicacia. -No se que idea tenes pero no vamos a hacer nada ilegal.- le advirtió ella con algo de fastidio. -¡Cuanto prejuicio! ¿Por qué pensás que haría algo ilegal?- le respondió él fingiéndose ofendido. -A lo mejor porque acabas de ser suspendido de tu trabajo.- le respondió ella colocando sus manos a los lados del cuerpo como si fuera una niña rezongona.

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