Sophie le golpeó el hombro. —“Eres una mariposa, Dave, nunca te estableces con una sola dama”. —“No sé nada de eso, chicas, nunca es mucho tiempo. Quién sabe, pero me gustan mucho las dos. Lo sabéis, ¿verdad?” Las dos mujeres le dieron un beso en la mejilla más cercana. —”¿Qué te pareció la mujer de Jim, Asmara?” —“Ella está bien”, contestó Alicia sin ningún tipo de aristas. Era la hermandad tácita de las chicas del bar en el trabajo. Se reconocían sin necesidad de insignias ni apretones de manos y todas buscaban lo mismo, un falang que las sacara de Tailandia o les diera una vida cómoda dentro de Tailandia. —“Dice que puede llevarnos a donde vive para pasar unas vacaciones… ¿Vives en el mismo lugar eh? ¿Qué te parece? ¿Buena idea o no buena idea?” —“Buena idea, la gente es muy agra

