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818 Palabras

En el cuarto de aquel frío hospital, Madison hizo todo lo que faltaba por hacer. Mientras que Arnaldo no puede sacar de su mente lo que aquella enfermera mencionó sobre el niño que se parece mucho a él. Pero algo no logra comprender, y es que Madison negó que fueran familiares. Sumido en la incertidumbre, decidió dejar de fingir y salir de la duda. Ya no es necesario seguir fingiendo, no cuando hay un pequeño motivo para abrir los ojos… un pequeño motivo que se llama Josué. —¿Es mi hijo? Habló de repente, provocando que Madison estuviera a punto de caer del susto. —¡Arnaldo! ¡Tú… tú estás despierto! —exclamó ella, con una voz, cargada de emoción, se podría decir. —Llamaré al doctor para que te revise. —Espera… solo responde a mi pregunta, ¿este niño, es el mío, verdad? —cuestionó amab

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