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710 Palabras

Horas después, Madison volvió a entrar en la sala. Arnaldo moría de ganas por abrazarla, pedirle perdón y hacerle saber que lo que sucedió en el pasado no fue su culpa y que, más bien, fue víctima también. Decidió no moverse y mantenerse estático por un día más. Quiere seguir escuchando que ella le pida que despierte… ama escuchar su voz. Madison estaba a punto de valorar el pulso del hombre cuando de pronto la puerta se abrió. Dejando ver a su pequeño hijo entrar y correr hacia ella. —¡Mamá! —gritó el pequeño Josué. —No puede ser. —se quejó Madison en voz baja. —¿Qué haces aquí? —cuestionó al pequeño con voz áspera por los nervios. —Doctora, lamento que el pequeño haya entrado sin antes tocar la puerta. —dijo Ameli, la enfermera. —Del jardín de niños trajeron al pequeño. Su maestra tu

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