Todos los miraban con burla, incluso reían a carcajadas, siempre al pendiente de que el señor Ferreira y su nieto no aparecieran y les culparan del escándalo con ese par de locos. —¡Guardias!, les ordeno que alejen de mi vista a este par de vividores. —Volvió a pedir, la mujer. Mientras tanto, Arnaldo continuaba dando declaraciones, ahora en compañía de su abuelo, quien en voz baja le reprochó por no haber traído a la esposa. Puesto que, al no ver a la chica, pensó que la había dejado en casa. —Te castigaré Arnaldo, ella es parte de la familia y merecía estar aquí con todos nosotros. Si sigues con esa actitud de mierda, te voy a j***r la vida. Le secreteó al oído. Arnaldo sonrió y continuó respondiendo amablemente a la prensa. De pronto se observó un alboroto, una mujer y un hombre sie

