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Cadenas de sangre

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sexo
secuestro
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sobrenatural
harem
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Descripción

Para Agatha Salas, una chica dulce e inocente, lo único que le interesa es encontrar un buen empleo que la saque de la mala racha que la tiene frustrada, recién egresada de la universidad encuentra un empleo irreal que la llevará a caribeños escenarios y sobre todo, el trabajo de sus sueños, sin embargo lo que no sabe es que su nuevo jefe, el presidente ejecutivo de la empresa es un antiguo y sádico vampiro que tiene otros planes para ella, engañada, le ofrecerá un trato que no puede rechazar; Someterse a todos los deseos perversos y retorcidos de sus cuatro atractivos hijos que pronto heredaran la maldición eterna así como también la millonaria fortuna de su padre, por seis meses, o ver como su nuevo verdugo asesina a su madre frente a sus ojos si no acepta.

¿Podrá Agatha soportarlo? ¿Escapará ilesa de aquella ostentosa mansión? ¿pero como? ¡Uno de los herederos es alguien que ella conoce!

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CAPITULO 1
Lo conocí por primera vez cuando teníamos 15 años, acabábamos de entrar a la preparatoria, y él desde la primera vez que pisó la escuela llamó la atención, no solo por su evidente atractivo, sino por el rumor de su familia, eran muy obvio los susurros y chismes cada vez que él aparecía en algún lado y, es que la noticia fue muy sonada haciendo que no pasara desapercibida, él provenía de las familias más poderosas de la región, sin embargo a últimas fechas se habían anunciado en total bancarrota, las empresas madereras de las que eran dueños estaban en la quiebra, y por consecuencia se vieron en la necesidad de mandar a su único hijo a una escuela pública para que continuara con sus estudios; en un principio muchos creímos que a pesar de todo, se convertiría en una persona popular entre la sociedad estudiantil, y en verdad lo era, no había nadie que no supiera quien era él, sobre todo parte de la sociedad estudiantil femenina, convirtiéndose en el sueño de muchas, pero, solo en eso era cierto su evidente popularidad, ya que él no socializaba con absolutamente nadie, de ante mano se sabía que su familia siempre había sido muy hermética y callada, pero no él que gozaba de popularidad y belleza, siempre se la pasaba solo por los pasillos con esa mirada aburrida y misteriosa que ya lo caracterizaba; en cuanto a mí, bueno, era como toda adolecente de esa edad, como muchas estaba encantada de él, y como todas, era ignorada al cien por ciento, me la vivía inventando situaciones fantásticas que nunca me pasarían y estaba consciente de eso, no es que fuera fea, me consideraba ordinaria mejor dicho, en pocas ocasiones terminaba gustándole a alguien, el problema conmigo es que decían que era algo ñoña, ¡si, esa era la palabra!, Ñoña, no podía evitar a los unicornios en mis libretas ni los moños en la cabeza, sabía que a esa edad muchas de mis conocidas he incluso amigas ocasionales ya pensaban en otras cosas que en unicornios, mi madre discutía conmigo y me refería que tenía adolescencia tardía, yo por supuesto refutaba todo aquello y me convencía a mí misma de que solo era quizá un hábito pasajero, puesto que ya me atraían las personas de mi sexo opuesto. Regresando al principio, como decía, ambos teníamos en ese entonces 15 años y no es que yo hablara con él, es que su presencia era muy llamativa, y “decía que nos conocimos” porque una única vez intercambié unas palabras con él; aquel día estábamos saliendo de clases en la que ambos éramos compañeros y él se me acercó para darme una libreta que se me estaba olvidando en mi pupitre, en un principio creí que lo hacía como en mis tantas fantasías, solo por conocerme porque secretamente le gustaba, después cuando me entregó mi libreta (que por cierto era de un enorme unicornio blanco) caí en cuenta de mi error, mi decepción fue enorme pero supe disimularla muy bien, de allí en más nunca volvimos a tener ningún contacto de ningún tipo, ya que después de las vacaciones de fin de curso, él no volvió nunca a la escuela, rumores hubo muchos, motivos también, lo único que si era verdad fue que de pronto su familia se mudó del estado por cuestiones totalmente desconocidas. Con el tiempo y conforme pasaban los años él se fue borrando de mi cerebro, había pasado la adolescencia y ahora formaba parte de mis ilusiones de puberta, mis amistades cambiaron y mis pensamientos también, al entrar a la universidad no me reconocía, hice nuevos amigos, nuevas anécdotas y dos decepciones amorosas, y después de graduarme en administración de empresas, mi única prioridad después del horror que fue la universidad, era encontrar un empleo, por unos meses batallé inhumanamente para encontrar algo que se moldeara a mis estudios, incluso me vi en la rotunda necesidad de conseguir un empleo temporal como dependiente en una tienda de ropa para poder pagar las mensualidades de mi departamento luego de presumir mi independencia, pero, más tarde luego de ver un anuncio en el periódico donde necesitaban a una licenciada en administración de empresas para una compañía extranjera, mientras bebía una malteada de fresa en una mol, vi mi oportunidad. Nada me advertía de lo que el destino me deparaba, de haberlo sabido incluso, me hubiera mudado de estado lo más lejos que pudiera de lo que estaba por acontecerme, ni en mis más remotas fantasías podía imaginar lo que me esperaba, era como vivir toda mi vida en una burbuja y al ser reventada viera el mundo de una manera mucho más oscura y terrible de lo que estaba acostumbrada a ver, sin embargo nadie podía decírmelo, y yo no estaba preparada en lo absoluto, solo estaba ilusionada por mi oportunidad de empleo para dejar de comer pan y queso, nada podía prepararme para encontrarme directamente con los ojos del diablo y, que fuera nada más y nada menos que alguien a quien ya había borrado de mi pasado. ... Aquella mañana me preparé desde temprano para no dar mala impresión, me pare algunas veces frente al espejo para comprobar mi ropa, sencilla, modesta, pero bien presentable, tomé el bus y allí repetí una y otra vez lo que le diría al entrevistador hasta que llegué a mi destino sintiendo la opresión de la expectación en el pecho, en verdad estaba muy ilusionada y estaba positiva ante lo que podría suceder, la señorita de la recepción me dio indicaciones para llegar al sitio donde se produciría la entrevista, me ofusque un poco al ver que no solo yo estaba solicitando el puesto, en un pasillo muy blanco y minimalista un grupo de 20 mujeres estaban aguardando su turno para la entrevista; había mujeres muy bien presentables, con ropa bonita y algunas eran muy guapas, sin embargo no desistí y me senté en un asiento desocupado mirando discretamente las zapatillas y las faldas de tubo de algunas de las solicitantes con algo de envidia, seguro algunas ya tenían experiencia (pensaba), tragué saliva con dificultad pensando en que debía seguir positiva. -¿Tú también vienes por el puesto?-. Dijo una chica de cabello oscuro y grandes ojos de venado que estaba al lado mío. -Pues, si…- Respondí frunciendo el ceño. -Es buena la paga ¿verdad?- Continuó la muchacha. Me relamí los labios, algo ansiosa, pero procuré ser lo más amable que podía. -Sí, supongo que eso nos trae a todas aquí-. Ambas reímos con nerviosismo. -Aunque hay otras opciones-. Dijo. -¿Así?- -Claro-, replicó con una sonrisa -y también es muy buena paga, ¿tú porque solicitud vienes?- Dijo mirándome. Pestañé un par de veces y fingí que ya lo sabía. -Bueno yo… amm…este…- -¿Señorita Salas?- Interrumpió una voz de hombre llamándome, de inmediato me levanté del asiento acomodando mi bolso sobre mi hombro, escuché las réplicas de las demás mujeres que decían que ellas habían llegado primero, pero el hombre las ignoró por completo, me acerqué taconeando nerviosa, y él me ofreció entrar amablemente con un gesto con la mano, no miré atrás y, entre cerrando la puerta, de inmediato miré a mi alrededor, estaba en una pequeña oficinita con una enorme ventana que dejaba ver el resto del interior del edificio, el que era bellamente lujoso, limpio y ordenado. Me senté silenciosa en la sillita acomodando mi bolso en mi regazo, y discretamente acomodé mi cabello castaño tras mis hombros, el hombre de mediana edad y de ojos oscuros miraba su computadora en total silencio, luego de un momento apartó los ojos de la máquina y me miró con una sonrisilla, la que devolví de inmediato. -Señorita Agatha Salas-. Dijo y yo asentí con la cabeza acomodándome en la silla -usted envió su solicitud por internet…- -Por internet, si…- Repetí asintiendo con la cabeza. -Bien, aquí dice que no tiene experiencia laboral en el tema que nos interesa-. Musitó mirando la pantalla de la computadora, tragué saliva con dificultad y volví a asentir con la cabeza. -No, pero aprendo rápido y me adapto bien a mi entorno, yo…- -¿Tiene usted 23 años, verdad?-. Dijo interrumpiéndome, me mordí el labio inferior nerviosa. -Si-. Afirmé guardando silencio. -Muy bien-. Susurró el hombre tecleando en su ordenador -¿Cuánto hace que se tituló?- -Hace 9 meses, señor-. Me aclaré la garganta y el hombre levantó las cejas, lo que me arrojó señales de alerta. -¿Tiene usted disponibilidad de horario, de traslado?- Volvió a centrarse en mí, fruncí el ceño. -Sí señor, cuento con tiempo y… traslado-. Dije sin pensarlo mucho, hasta ese punto estaba dispuesta a mudarme con tal de tener un buen empleo. El hombre asintió con la cabeza, guardo silencio un momento volviendo al ordenador. Tamborilee los talones aguardando, después él rompió el silencio. -Veo aquí que estudió en la preparatoria de “La Santa Madre”…- -Así es…- -Bien señorita Salas eso sería todo-, se levantó de la silla de un movimiento que me tomó por sorpresa, lo imité algo atolondrada y tomé su mano que me extendió como despedida -mi nombre es Andrés Mons, nosotros en unos días le llamamos-. Dijo y me invitó a salir, sonreí. -Muchísimas gracias-. Musité confundida, y salí de la oficina completamente segura de que no me darían el empleo, el hombre volvió a asomar la cabeza y llamó a otra solicitante quien me miró de arriba abajo cuando me pasó de largo. La chica de ojos de venado me levantó los pulgares de los dedos con una sonrisa, y me susurro, “suerte”, guarde una mueca de disgusto, y de igual manera le desee lo mismo. … -Estoy segura de que si te darán el trabajo-. Dijo mi mejor amiga de la universidad dándole un sorbo a su cerveza. Me rasqué la cabeza con el codo apoyado en la mesa mirando mi botella de cerveza semi nueva frente a mí, chisque los labios. -Es que se notaba que solo me estaba dando bola, no tengo nada de experiencia-, me restregué la cara -creo que seguiré un tiempo más en la tienda de ropa-. Repliqué y bebí de mi botella. -Desde que te conozco Agatha eres tan negativa-. Se quejó mi amiga volteando los ojos. Le respondí con una mueca de reproche. -Lo dices porque tú conseguiste trabajo en cuanto te graduaste Samanta, tu papá te lo heredo-. Le recordé y ella gruño. -Si si, pero se positiva, ¿sí?-, se acomodó el cabello teñido de rubio tras los hombros. Puse los ojos en blanco soltando aire por los pulmones, y mejor me puse a disfrutar de la música que estaba sonando en el bar; Samanta me soltaba un recital sobre mi actitud, que debía ser positiva y que contaba con ella y mil cosas más que sabía lo decía porque me quería, sin embargo intentaba ser realista, yo era la que había estado en esa entrevista, además ella jamás había batallado en nada desde que la conocía, su papá tenía un buen empleo y ella era bastante lista en la escuela, nunca tuvo que ir a recursamientos o se le dificultó una materia, en cambio a mí, ni siquiera tenía padre, nos abandonó a mi madre y a mi cuando supo que ella estaba embarazada de mí, así que ella no había estudiado y trabajaba como empleada en una imprenta, sin olvidar que siempre me esforcé por sacar buenas calificaciones, me mataba estudiando por las noches y aun así se me dificultaba aprender, fue mi perseverancia la que hizo que lograra graduarme, por eso y muchas cosas más, tenía la actitud que tenía, estaba acostumbrada a las malas rachas. Así que esa noche, regresé al departamento sin pensar mucho en el tema y continúe con mi rutina diaria, solo le conté a mi madre, quien me deseo mucha suerte. Cada tanto revisaba mi celular por si me llamaban, pero no recibía nada, con el paso de tres días perdí la esperanza y, con pesar continúe en mi empleo como dependienta de la tienda.

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