Abrí lentamente mis ojos aletargados, estaba aún sobre la felposa cama de Kirei boca abajo mientras abrazaba una suave almohada, suspiré adolorida incapaz de mover un centímetro de mi muy mallugado cuerpo, logré apartarme el cabello del rostro, la habitación estaba en penumbras y silenciosa, parpadeé dando un largo suspiró cansado, luego, una liguera respiración me hizo mirar a mi lado derecho, Kirei reposaba sereno, sus pestañas doradas ni siquiera temblaban, su cabello obstruía su bochornoso rostro pálido, mechones rubios claros atravesaban su cara pegándose a su frente y sus labios a consecuencia del sudor seco de su cuerpo, un delgado hilo de cabello dorado se posaba ligero sobre su nariz causando que con cada exhalación el delgado mechón volara unos milímetros para después volver a po

