Desperté una hora antes de que el avión aterrizará, había elegido mi lugar junto a la ventana, por lo tanto el imponente mar azul me recibió con un hermoso cuadro de ensueño, la mañana estaba clareando y el color naranja pintaba el agua entre el azul y el n***o de la noche, no pude evitar que mis ojos se humedecieran, aproveche la vista hasta que el avión aterrizó en el suelo exactamente a las 7 de la mañana, esperamos indicaciones de las azafatas y cuando nos dieron permiso para transbordar mi corazón era igual al de un ratón, a mil por hora, los nervios y la alegría me daban una descarga de adrenalina que me hizo brincar del asiento, caminar tras los pasajeros era irritante, “si tan solo se movieran más rápido”, en cuanto pise el suelo, el aire salado del océano se me coló en mis fosas nasales nutriéndome, mi mente trabajo para ponerme lista con mis pertenencias y por encontrar al tipo que me buscaría en el aeropuerto, salí con mis tres modestas maletas buscando entre las personas que esperaban a sus familiares o amigos, agudice la vista unos momentos mirando con detenimiento, mis ojos se toparon con un cartel con mi nombre completo en las manos de un hombre joven de mirada seria, sonreí y levanté un brazo para que me mirará, sus ojos marrones se fijaron en mí, pero él se mantuvo quieto como una estatua hasta que me plante frente a él.
-¿Señor Edmon Lafayeth?- Pregunté aún sonriendo.
-Señorita Salas sea bienvenida, por favor venga conmigo-. El hombre se dio media vuelta carente de alguna emoción, fruncí el ceño extrañada, pero lo seguí de inmediato, llegue a su lado trotando un poco.
-Muchas gracias por venir por mí, yo…-
- Por aquí por favor-. Me interrumpió el hombre guiándome fuera del aeropuerto, un auto lujoso n***o nos esperaba justo en frente del aeropuerto, un hombre calvo con lentes negros y un chicharito en un oído aguardaba recargado en la puerta del conductor del auto, levante las cejas cuando lo vi, de inmediato abrió la cajuela del auto y subió mis maletas rápidamente como si ninguna pesara absolutamente nada, Edmon abrió la puerta trasera del auto y me invitó a pasar con un gesto con la mano, me sentí como toda una celebridad, sin pensar me metí en el lujoso carro, el olor al cuero nuevo me lleno la nariz, baje la ventanilla y de nuevo el aire marino baño mi rostro, ambos hombres subieron al auto.
-El presidente la está esperando-. Dijo Edmon poniéndose unos gruesos lentes de sol n***o, dándole esa impresión de guardaespaldas tan característica, asentí con la cabeza feliz, era como estar en un película, donde yo era la súper estrella, disfruté el viaje, miré por la ventana el panorama, las palmeras eran comunes y frescas, había tramos de camino donde podía ver el más sereno y hermoso paisaje y muchos otros también donde el turismo y el bullicio reinaba donde aproveche el tiempo en avisar de mi llegada a mis seres queridos y tomar fotos, a pesar de que ninguno de mis acompañantes menciono ni una sola palabra el viaje fue ameno y cómodo, luego de un rato entramos a una propiedad cercada por muros, había un portero que nos abrió unas hermosas puertas metálicas dando apertura a un terreno inmenso con el césped perfectamente cortado, asomé mi cabeza para mirar mejor la enorme mansión que se extendía hermosa frente a mis ojos, era enorme, de estilo mediterráneo color marrón, con grandes arcos de ventanas y entradas, las palmas resaltaban su belleza junto a las enredaderas en los muros, trague saliva con dificultad, solté unas carcajadas que hicieron que mis acompañantes se miraran entre sí, casi me salgo por la ventana mientras miraba como la mansión se hacía cada vez más grande conforme llegábamos.
-¿Esta es la oficina?- Pregunté como si fuera una niña.
-Es la casa del presidente ejecutivo-. Respondió y rápidamente metí la cabeza para mirarlo con los ojos abiertos.
-¿Aquí vive?-
El hombre se quitó los lentes mirándome como si fuera una idiota.
-Así es señorita Salas-. Dijo secamente.
-Creí que iríamos a mi departamento primero, necesito dejar mis maleta-. Dije acomodándome en el asiento.
Edmon dibujó por primera vez una leve sonrisilla.
-Este es su departamento-. Respondió, abrí levemente la boca, “!allí viviría 6 meses¡”, sonreí cruzándome de piernas, la suerte estaba de mi lado.
-Oh-. Musité acomodándome el cabello tras mis hombros con recato.
El coche estacionó frente al bonito porche, no esperé a Edmon y baje de inmediato mirando como un par de “sirvientes” nos esperaban en la entrada, el ruido de la cajuela al abrirse me saco de mi concentración, Edmon me indicó que lo siguiera.
-Pero, mis maletas-. Estaba por regresar por ellas, pero el joven hombre de cabello marrón me tomó por el brazo con delicadeza.
-Se le subirán a su habitación-. Dijo y me soltó, asentí y volví a seguirlo.
Entrar al lobby de la mansión era como un sueño, como si viera un documental de los más ricos, una enorme lámpara de telaraña de cristal colgaba del techo bordeado por una elegante escalera dorada, el piso de mármol dorado y n***o formaban un circulo en el centro, miles de cuadros nos miraron llegar, era como darle dulces a mis ojos, jamás había visto algo tan delicado y bello, sin embargo una punzada de incomodidad me apareció en el estómago haciéndome detenerme frente al hermoso cuadro que era la casa, fruncí el ceño y Edmon se plantó a mi lado.
-Sígame, por favor-. Pidió, me sacudí la cabeza y obedecí, lo seguí por un pasillo del lado derecho hasta terminar en una puerta doble de madera, Edmon toco la puerta y aguardo, aproveche el momento para alisarme la ropa y peinarme el cabello suelto del viaje, después una voz ronca nos indicó que podíamos pasar.
Ambos entramos a una elegantísima oficina de madera roja, dentro un hombre como de unos 50 años nos recibió con una mirada penetrante en los ojos, tenía una nariz ganchuda y unos labios apretados, las arrugas en sus ojos le daban una apariencia severa en la mirada, mientras las canas en sus sienes le acentuaban sus pequeños ojos cafés; tenía un traje gris con una corbata roja que le daba el aire de hombre de negocios, se puso de pie cuando entramos a la oficina.
-Sea bienvenida Señorita Salas-, el hombre sonrió con malicia -tome asiento-. Señaló las sillas frente a su escritorio.
De pronto estaba nerviosa, trague saliva con dificultad y tomé asiento con las piernas cosquilleándome.
-Muy buenos días señor yo soy su nueva asistente y estoy tan agradecida que me haya dado la oportunidad-. Me esforcé por sonreír.
El hombre de pronto se apartó de detrás de la mesa y sospechosamente me rodeo, lo seguí con la mirada y me vi en la necesidad de enjutar mi cuerpo, algo estaba por estar rotundamente mal.
-¿Señor?- Me rodé el cuerpo con los brazos.
-Llámame, “Señor Duncan” a partir de ahora-. Tomó el respaldo de mi silla y la arrastró unos metros hacia atrás dándome un susto de muerte, la adrenalina se disparó en mi torrente sanguíneo, señales de alarma me llenaban la mente, no grité, simplemente me levanté de la silla y corrí directo hacia la salida, pero Edmon me tapo el paso con su cuerpo, mi corazón estaba a todo galope, estaba aterrada de miedo ¡Donde mierda me acababa de meter! Mil finales horribles me llegaron a la cabeza, respiré ruidosamente y la adrenalina me arrojó sobre Edmon, le arañé las mejillas luchando por escapar de aquel sitio, pero el hombre “Duncan” me apartó de Edmon de un movimiento, allí al sentir sus manos sobre mis brazos grité como loca, el viejo solo soltó carcajadas y me dejo caer sobre la suave alfombra dorada.
-¡Déjeme ir, por favor!- Sollozaba entre mi respiración ruidosa, estaba acorralada, aterrada y mi cabeza no paraba de arrojarme señales de alarma, pensaba que iba a morir o mucho peor.
-Tranquila señorita Salas-. Dijo el hombre mirando como Edmon se secaba mis rasguños de sus mejillas -Eres toda una fierecilla-. Se volvió a reír y se metió las manos en los bolsillos del pantalón con tranquilidad.
-¿! Qué va a hacerme ¡?- Pregunté temblando como gelatina.
El viejo terminó de burlarse y me miró con la misma sonrisa de un principio apoyando las caderas en la mesa de su escritorio, me puse de pie, lista para cualquier cosa, estaba por llorar.
-Esa es una buena pregunta-, se relamió los labios, Edmon se movió hacia un mini bar en una esquina de la gran oficina, tomó una copa de cristal y de una tetera de porcelana vertió un espeso líquido escarlata, fruncí el ceño mirando, era tan parecido a la sangre que un sudor me cubrió la frente, me moví arrojándome sobre la puerta, intente abrirla como una maníaca pero estaba completamente cerrada, pegué mi espalda a la madera con las piernas temblándome como un ciervo recién nacido mientras miraba como Edmon le entregaba la copa al hombre -si estás pensando que te mataré, estas en un error, te necesito viva-, dijo y, para mi sorpresa dio un sorbo a su bebida, un nudo se me formo en la garganta imposibilitándome poder hablar, la sangre abandonó mi rostro, arañé la madera aterrorizada, “yo sola me había metido en un infierno” pensaba, el hombre saboreo el líquido mirando la copa, “dios mío” -debes de tener claro que no serás una asistente-,dijo con ironía y se carcajeo él solo, después volvió a beber hasta acabaselo completo -verás, siempre he considerado un excelente padre…-
-¿?-
-… por lo tanto mande traer a la mejor de un grupo como un hermoso regalo para mis hijos-. Dijo y quedé de hielo.
-¿De qué está hablando?- Pensé en mi madre, la imaginé llorando mi desaparición, un sentimiento de pena me remolió los ojos.
-Eres un nuevo juguetito para mis hijos, son 4 y trato de incentivarlos de alguna manera, ¿Usted entiende verdad?- Dijo guiñándome un ojo.
Mi cabeza trabajó como una máquina, tratando de encontrar un significado a todo eso, me relamí los labios secos comenzando a llorar.
-Se refiere a que yo…- Gruesas lágrimas mojaron mis pálidas mejillas.
-Oh, querida pero no debes llorar-. Se acercó y yo me aparté sintiendo como mis piernas me tirarían al suelo, de pronto me vi siendo violada por unos hombres desconocidos, desagradables y perversos, un estremecimiento me recorrió la espalda, me eché a llorar como una niña, ¿Cómo había terminado de aquella forma?
-¡No no, por favor no, no quiero, por favor no!- Musitaba entre sollozos, mis manos estaban frías y no podía tragar, el terror se apoderaba de mí.
-Debe calmarse señorita Salas, estará totalmente comunicada con sus familiares y amigos, se le permitirá salir solo si se porta bien y sobre todo, solo será por estos 6 meses de prueba, si mis hijos están conformes con usted se quedará por un año-. Se cruzó de brazos diciéndolo como si de un empleo simple se tratará.
-¡QUE!- Grité, mis piernas me traicionaron y me tiraron al suelo, pero mi mente seguía trabajando, pensaba en cómo podría ingeniármelas para escapar, tirarme por la ventana era un opción pero podía salir muy lastimada o no poder llegar a romper el vidrio, podría esperar a que abrieran la puerta o algo más arriesgado, como lastimar a ambos hombres, sin embargo eran dos contra mí, mis posibilidades eran muy reducidas, la adrenalina y la desesperación me gritaban que hiciera algo estúpido.
-Solo debe portarse bien señorita Salas e incluso su estadía aquí podrá llegar a ser placentera-. Me dieron ganas de vomitar, en cambio seguí llorando, Edmon se movió por fin a mi dirección, de inmediato me alejé a una parte lejos de ambos.
-Por favor solo deje que me vaya, no diré nada a nadie tiene mi palabra señor Duncan-. Supliqué limpiándome los mocos de la nariz.
-Oh mi querida señorita Salas-, dijo de modo paternal -créame que no me importa en lo absoluto usted-. Confesó en medio de una sonrisa, después hizo una seña con su mano que no logré percibir por la impresión de su respuesta fría, no me di cuenta que Edmon se plantó tras mío y sin proveerlo me enredó una cadena dorada en el cuello, mi grito fue opacado por la opresión en mi garganta, mis ojos enloquecidos buscaron un “porque”, dijo que no iba a matarme, entonces, ¿Porque?, vi pasar mi vida frente a mis ojos, vi el rostro de mi madre y el de muchas personas que formaron parte de mi historia, no podía creer que mi vida terminaría de ese modo, tan violenta y tan abrupta, jamás pude imaginarme el cómo sería morir de esa forma, asfixiada, estaba muy triste por mí, pero sobre todo por mi madre, ella quizá jamás sabría la verdad, me apenaba dejarla ahora, me daba coraje saber que lloraría mi muerte, ¡Oh dios! Por lo menos ella estaba bien, sentía como me estaba quedando sin aire, la presión en mi cabeza era enorme, poco a poco me quedaba dormida, era el final, después sin poder evitarlo cerré los ojos.
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Escuché voces que no podía descifrar de donde eran que venían, porque parecían provenir de todos lados, lo que si podía saber era que eran masculinas y me resultaban muy familiares, poco a poco salía de la inconsciencia, podía sentir el aire llenando mis pulmones y mientras entraba de nuevo al mundo me preguntaba si eso era estar muerto, sentir como si aún estuviera con vida, abrí los ojos lentamente, mi visión al principio era borrosa, podía ver colores difuminados por todos lados, me queje, fruncí el ceño, ¿todo había sido un sueño?, me moví, pero el dolor en el cuello me escoció dejándome inmovilizada por unos momentos, pero recordé la escena en el despacho de aquel hombre tan cruel, jade y apartándome el dolor luché por levantarme de donde estaba, mis ojos comenzaron a clarear dándome miles de formas que reconocí como una lujosa habitación, me sobé el cuello adolorido, estaba sobre una cama con cortinas blancas, el olor al mar estaba tan presente que me lastimaba la respiración, dificultosamente me incorpore algo mareada.
-Oh, bienvenida señorita Salas-, dijo la que sabía era la voz del señor Duncan, me despabilé de inmediato mirando como él y Edmon me miraban sobre la cama, asustada mire mi cuerpo, aún estaba vestida y parecía estar bien a excepción de mi cuello que me palpitaba cada vez que me movía -me alegro que esté usted despierta-, me sonrió con labios juntos -debe perdonarnos por asfixiarla así, pero era mucho más fácil transportarla de ese modo que estando consiente-. El hombre se cruzó de brazos.
Mis ojos se llenaron de lágrimas.
-Está usted en su habitación, sé que debe estar hambrienta y cansada…- Edmon hablo después de todo este tiempo, mis ojos suplicantes no lo inmutaron para nada -le daremos su comida, podrá descansar y comunicarse con sus familiares en cuanto terminemos-. Finalizó mirando a su jefe.
-Así es, solo debe conocer a mis hijos y después podrá comer y descansar-. Dijo esto y mi cuerpo tembló de miedo, como instinto me aplasté en la cabecera de la cama enrollando mi cuerpo con mis brazos.
-Por favor déjeme ir, no quiero, señor por favor…- Suplicaba asustada, sudaba completa.
-Debe dejar de llorar, el maquillaje se le ha escurrido, si me permite-. Edmon se acercó, pero yo me estrellé en la cabecera por instinto.
-¡No me toques!- Aullé lista para defenderme, aun podían verse las señales de mi pánico lastimando su pómulo derecho, tres líneas rojas pintaban verticalmente su cara dolorosamente.
El hombre se detuvo en seco mirando al señor Duncan, el jefe asintió con la cabeza y Edmon se apartó en silencio, después salió de la habitación sin hacer el más mínimo ruido.
-¿U-usted me-me vio-violará?- Pregunté tartamudeando sin quitarle los ojos de encima, el hombre no pudo retener unas ruidosas carcajadas que me estremecieron el cuerpo.
-No mi niña, yo no puedo hacerlo, mi cuerpo ya no me lo permite-, anunció cruzándose de brazos -pero mis hijos…-
Unos golpes en la puerta se hicieron escuchar en la habitación, volví a llorar, mi estómago estaba por vomitar.
-Ahora si están aquí-, la mirada del hombre se ensombreció -deseo que te portes bien-. Se dirigió hacia la puerta, mi mente de nuevo me arrojó imágenes de mi siendo violada por hombres mucho más viejos que yo con desagradables cuerpos y mentes, el temblor era evidente en todo mi cuerpo, no sabía dónde podía meterme, ¿Qué debía hacer?, estaba aterrada, implorar era lo único que me quedaba.
-Por lo que más quiera no lo permita-. Supliqué, Edmon entro haciendo una inclinación al señor Duncan después dejo espacio para que los hijos de este último entrarán.
Cuatro figuras masculinas entraron a la habitación en silencio, mis ojos se abrieron del tamaño de mi cara al mirarlos aparecer, me quede sin aliento, cuatro jóvenes atractivos plantaron sus ojos sobre mi como leones a su presa, sus miradas penetrantes me atravesaron completa, era como mirar una pasarela en cámara lenta, el pelo rojo del primero era intenso, sus ojos amarillos me recorrieron completa, su mirada maliciosa mostraban irritación, su cuerpo musculoso me hizo recordar esas estatuas griegas, estaba vestido con unos pantalones de vestir que le apretaban el cuerpo, su camisa blanca mostraba parte de su pecho lampiño y lechoso, incluso podían asomarse algunos de sus tatuajes, el segundo de cabello n***o tenía un libro en las manos, sus ojos estaban tras unos lentes sin armazón mientras que su complexión era menos musculosa que el primero, sus manos se veían delicadas pero masculinas, él fue el único que no persistió en la mirada, después entro el tercero, tenía una sonrisa simplona en los labios, sus ojos verdes me miraron devorándome completa, su pelo caramelo resaltaba con su piel apiñonada, tampoco estaba tan musculoso como el primero pero tenía un cuerpo muy bien trabajado, él entro haciendo escándalo, pero su padre lo silencio con la mirada, como último el cuarto hijo entro con una mirada aburrida, pero había algo que me hacía quedarme sin aliento, no era por su atractivo cuerpo, o su pelo rubio, mucho menos sus ojos azules… lo que me hacía querer desmayarme era que lo conocía, y lo conocía muy bien, ambos habíamos hablado una vez hacia 8 años, él me había regresado mi cuaderno una vez en preparatoria, los ojos fríos del chico se plantaron en los míos.
-Señorita Unicornio-. Dijo cuándo los cuatro rodearon mi cama.