No estuvieron seguros de cuanto tiempo estuvieron subiendo por los incontables escalones, pues la luz jamás dejó de brillar; ningún pensamiento circulaba dentro de sus mentes ni siquiera surgieron preguntas por el silencio imperante dentro de aquel palacio de semejantes proporciones. Al fin uno a uno fueron arribando a la habitación final de la torre donde la única fuente de luz dominaba la penumbrosa oscuridad desde un céntrico y basáltico pedestal donde reposaba suspendido por siete soportes un cristal poliédrico de diez centímetros de longitud y de color n***o rojizo; aquella piedra cristalina era el único habitante de la inconmensurable torre donde ni los vientos helados penetraban por sus ventanas. Pronto y sin advertirlo Miguel quien fue su guía por los corredores cayó desmayado, pe

