Bajé decidida a encontrar algo comestible. El refri era un triste testimonio de soltería: pan de molde, lechuga en bolsa, queso, y frutas que deseaban una muerte digna. Nada que inspirara felicidad. En el armario encontré pasta. No era glamorosa, pero servía. Justo cuando el agua comenzaba a hervir, sonó el timbre. A estas horas... Apagué la hornalla y fui hacia la entrada, ya con el peor escenario en mente. ¿Paranoica? Quizás. Pero mi radar de peligros ya vivía en llamada permanente de emergencia. Chequeé por el visor. ¿En serio? Volví a la cocina como si no hubiera oído nada. Ah. Con razón Amara renunció tan tranquila. Ya tenía listo el vuelo de regreso a Londres. Aunque... ¿Sawyer no había mencionado que ella vivió aquí? Entonces, ¿por qué no ten

