Desde el punto de vista de Cecilia Entonces, sus mejillas se tiñeron de rojo intenso. "¡Qué descarada eres!", escupió Amara con voz cargada de rabia contenida. "Ya basta de echarle sal a la herida, Cecilia. Vale, ya no soy su favorita. Me hiciste echar para quedarte tú con él. Disfruta tu noviazgo mientras dure. Porque pronto tú también vas a ser la ex." "Pues... no te falta razón", asentí con una sonrisa demasiado seria para no ser sarcástica. Eso sí que la dejó callada. Se quedó ahí, parada, con la boca entreabierta, como si se le hubiera olvidado qué quería decir. Cada vez que hablábamos, más me convencía de que a Amara le quedaba grande ese papel de maestra manipuladora que le había adjudicado al principio. Nada de planes ingeniosos ni jugadas brillantes. Con

