Su respirar cálido choca en mi hombro, su brazo pesado me rodea completamente, me siento más descansada, me siento con menos pesadez en el cuerpo que hace unos días atrás. Me siento limpia, me siento un poco mejor y eso que solo he pasado una noche con su compañía. Me giro un poco, quedando de frente con él, y el corazón me salta un latido fuerte cuando lo encuentro despierto. Una sonrisa de boca cerrada se forma en sus labios, le imito, él me contagia, acerco mi rostro al suyo, mi nariz acaricia dulcemente la suya y ambos nos quedamos tan quietos en nuestro lugar, su frente unida a la mía la calidez que emite sintiéndola tan cerquita. –Buenos días –dice con esa voz ronca que tanto me encanta. – ¿Te sientes mejor? –asiento levemente. –Te dormiste en unos simples segundos. – ¿No desperté

