El juzgado estaba tan frío como una tumba. Anderson permanecía sentado al lado de Alicia, su mano nunca se soltó de la suya durante toda la sesión. El abogado de Camila hablaba con precisión quirúrgica: declaraciones, pruebas, registros. Víctor fue despedazado en menos de dos horas. Las mentiras se desmoronaban ante las pruebas de lo que había hecho, ante la documentación de sus delitos. La sentencia era inevitable. Cuando el juez dictaminó—condenando a Víctor por fraude, extorsión y falsificación de documentos—Alicia sintió que algo dentro de ella se rompía, pero no era dolor. Era alivio. Finalmente. Lisa testificó con esa voz fría y calculada que la caracterizaba, pero cuando Alicia la miró durante su declaración, vio algo diferente en sus ojos: convicción, pero también humanidad. La

