Juntos

1029 Palabras

El amanecer los encontró aún en la barandilla con los cuerpos enredados y la ropa desperdigada en el piso del balcón como confesiones de necesidad mutua. Anderson no se movía. Sus brazos mantenían a Alicia pegada contra su pecho, como si temiera que la noche desapareciera y se la llevara consigo. —Tenemos que entrar —susurró Alicia, pero no hizo movimiento alguno para irse. —Todavía no. Su voz era un gruñido satisfecho, posesivo. Alicia sonrió contra su cuello, saboreando ese momento de absoluta vulnerabilidad del hombre más poderoso que conocía. El sonido de un llanto infantil llegó desde el interior de la casa. No era el llanto urgente de Jonas pidiendo comida. Era el llanto de quien despertaba solo, buscando seguridad. Alicia se levantó de inmediato, recogiendo la bata del suelo. A

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