Lisa había hecho su elección. Mientras Anderson limpiaba el desorden de Lucas y, Mark asumía su confesión, ella se marcharía. Era lo correcto. Lo necesario. Sin embargo, con la mano en la manija del auto, Lisa sintió algo que no había anticipado: vacío. No era miedo. Nunca era miedo. —¿Así que te vas? —la voz de Alicia llegó desde el porche, envuelta en la oscuridad de la noche. No había reproche. Solo certeza. Lisa se giró lentamente. Su compañera de habitación estaba de pie, descalza, los brazos cruzados. Había algo diferente en su mirada. Algo que Lisa reconocía porque lo llevaba dentro: el peso de saber demasiado. —Mi trabajo aquí terminó —respondió Lisa, subiendo al auto. —¿Terminó? —Una risa suave escapó de Alicia—. Lisa, Gerald Hart sigue vivo. Sigue respirando. ¿Es eso suficie

