El sonido del portazo de la casa de huéspedes resonó como un punto final que nadie esperaba. Lisa había empacado en silencio, con movimientos deliberados que le permitían no pensar. Era mejor así. Más limpio. Menos caótico. Pero Alicia apareció en el umbral justo cuando Lisa colocaba la última maleta en el auto. —No es adiós —dijo Alicia, sin aliento, como si hubiera corrido para detenerla—. Solo es... un cambio de dirección. Lisa se giró lentamente. Su compañera estaba de pie descalza en el porche, envuelta en un suéter oversized que probablemente era de Anderson. Había algo desarmador en verla así. Vulnerable. Real. —Alicia... —No me des excusas. —Su voz temblaba pero era firme—. Prométeme que volverás. A la reunión, al menos. Que seguiremos siendo amigas. Lisa sintió algo apretars

