Don Me dormí sobre el sofá, agotado, destruido. Cuando desperté ya Anne estaba en mi casa dando órdenes a mis empleados, ocupándose de todo, como siempre. Haciendo más por mí de lo que merezco. —¿Dormiste bien?—preguntó. —No. La verdad no. Despertaba a ratos. —¿Qué paso? —¿No viste las noticias? —Don, no solo las vi, me ocupé. —Lo siento. Amanda no está acostumbrada a este mundo de chismes, farándula, decidió creer la parte en la que Esperanza y yo aún estamos juntos y yo francamente estaba tan agotado que la deje sola y me vine. No tengo energías para discutir con ella nada ahora ni convencerla de nada. —¿Quieres que hable con ella? —Es lo que me falta que mi relacionista pública arregle mis relaciones. Gracia, pero no, veré como lo soluciono. —Estas con un humor de perro. Date

