—No te preocupes por eso, soy yo la que debería disculparse por la molestia que te tomaste... —Sus palabras se esfumaron de sus labios y cabeza cuando sintió un pequeño beso en sus labios. Austin no había podido soportar la tentación; Renata se veía realmente hermosa ese día, al igual que todo lo que la rodeaba. —Discúlpame, no pude evitarlo... Ella sonrió. Sí, la había tomado por sorpresa; sin embargo, el ligero contacto había sido muy agradable. —Tengo que irme —dijo en un susurro. Aún sentía los estragos del beso. No creía estar pensando con claridad, ya que lo único en su mente era volver a sentir los labios de Austin sobre los suyos. Se puso de pie y el hombre de cabello azabache la siguió. —No sé qué tan prudente sea que salgas, teniendo en cuenta lo que pasó anoche. —Renat

