—Gracias, Austin. —dijo Renata sinceramente mientras se tocaba el pecho, respirando con más tranquilidad. Al menos dormiría bien esa noche. —No te preocupes, ya será después. —Le guiñó un ojo—. Debería irme, pero creo que al menos me merezco un beso de despedida. —propuso con picardía. Renata se acercó rápidamente, dándole un beso en la mejilla para después cerrar la puerta con apuro. —¡Yo decía en los labios! —Renata lo escuchó decir desde el otro lado de la puerta, y una tonta sonrisa se le escapó. Se mordió los labios, y sin saber bien por qué, abrió la puerta de nuevo. Quedó frente a Austin y lo besó, un pequeño roce entre sus labios de apenas cinco segundos, antes de cerrar la puerta de nuevo. Eso bastó para dejar al azabache totalmente en shock y a Renata con el rostro más calien

