Renata gimió alto cuando sintió cómo el pene de Austin chocó con su intimidad sin saber si era correcto o no. Entonces apoyó sus manos en los hombros de Blake y empezó a moverse lentamente, creando roces y olas de placer en ambos cuerpos. —Renata, ¿estás segura de esto? —Austin mordió su labio y habló entrecortado. La verdad, no sabría qué hacer si de pronto decía que no, aunque de una cosa estaba seguro: no la obligaría a hacer algo que no quisiera. Sin embargo, estaba tan duro y caliente que no podía conectar cabos. El movimiento de Renata era tan jodidamente bueno. —Quiero ser tuya, Austin... Con algo de dificultad, llegaron hasta la recámara del azabache. Este la bajó con cuidado, pero no la besó, solo observó sus hermosos ojos y le sonrió para tranquilizarla. —No tienes idea de lo

