—Mi madre es la única que quedaría a cargo... pero... —¡Mi niña! ¡¿Cómo es posible que no me dejen entrar?! ¿Sabe al menos con quién está hablando?... —La voz, o más bien los gritos que sonaron en la entrada de la estación, llamaron la atención de todos. Renata ni siquiera se molestó en voltear; ya sabía de quién se trataba y solo cerró sus ojos, apoyando su frente en su mano, preguntándose cómo diablos se había enterado de esta situación y cómo rayos iba a salir de ella ahora que lo sabía. —Mamá... —La señora Corbin pasó casi a la fuerza, dirigiéndose con prisa hacia su hija. El oficial a cargo hizo una señal al de seguridad para que la dejara en paz, al saber que se trataba de la madre de la víctima. —Renata Estefanía Corbin Estrada, ¿cómo es posible que no le hayas dicho a tu madr

